Bajo el título de Idilios [cuadritos], se incluye por comodidad la variada producción poética de Bión (segunda mitad del siglo II a. de C.). De la obra de Bión nos han llegado escasos fragmentos de epilios o brevísimas epopeyas de argumento mitológico, a semejanza del «Hilas», de los «Dioscuros», del «Heracles niño» de Teócrito (v. Idilios de Teócrito) y de la «Europa» de Mosco (v. Idilios de Mosco), los cuales tratan de Jacinto, Galatea y quizás Orfeo; el epitafio de Adonis, no transmitido bajo su nombre, pero atribuido con toda seguridad a él, que deriva del idilio XV de Teócrito y describe el dolor de Venus por la muerte de su esposo. Pero Bión revela mayor acierto en las poesías eróticas breves, que Estobeo nos ha transmitido en número de quince: son breves preceptos y sentencias sobre el amor, invocaciones a la divinidad, expresiones de deseos y augurios, y se asemejan más a breves composiciones de tipo helenístico que a acciones mímicas’ de carácter teocriteo.
Gracioso en su frivolidad es el fragmento en que un muchacho, mientras intentaba capturar a Cupido escondido bajo las ramas de un boj, es puesto en guardia por un viejo, que le informa de la verdadera naturaleza del dios. Incierta es la atribución del «Epitalamio de Aquiles» y del «Ladrón de panales», que revela sin embargo un arte afín al de Mosco. En conjunto, Bión no carece de talento y gracia, pero sus sentimientos parecen a menudo artificiosos y como sofocados por el afán de refinamiento y erudición. Estos últimos elementos, como muchos otros caracteres de la poesía de Bión, como la predilección por los esbozos campestres propios de la pintura mural y del epigrama, las alusiones polémicas y la tendencia moraliza- dora que aparecen en el uso frecuente de sentencias y proverbios, son en general característicos del helenismo tardío, al cual Bión está estrechamente ligado. Escribe en dialecto dórico y su metro preferido es el hexámetro.
C. Schick

