Edda de Snorri, Snorri Sturluson

[Snorra Edda]. Tratado de poética y mitología del islandés. Snorri fue movido a escribir el Edda por el propósito, que ex­plícitamente declara, de procurar un libro en el que estudiar y deleitarse, para los jóvenes escaldas que sintiesen «deseos de conocer la lengua poética y enriquecer lin­güísticamente sus obras mediante maneras de decir antiguas, o bien de entender poe­mas difíciles». El Edda de Snorri consta de tres partes, muy diversas entre sí. La primera, y más conocida, es la «Gylfagin- ning» o sea «La ilusión de Gylfi». Gylfi era un rey que tenía en señorío «el país que ahora se llama Suecia», hombre sabio y ex­perto en artes mágicas. Curioso de investi­gar el poderío de los dioses (los Aesir), bajo el falso disfraz de un viejo caminante y el nombre de Gangleri («vagabundo») se dirigió a su morada, el Ásgard. Allí tres misteriosos personajes están dispuestos a responder a sus preguntas. Las respuestas son, ya breves, ya largas hasta el punto de constituir por sí solas un relato com­pleto.

Empieza por los primeros dioses, «los que han creado el cielo, la tierra y el aire, y cuanto les pertenece», y el hombre. Gangleri, pregunta entonces qué fue lo pri­mero. El Excelso responde citando el poe­ma Volospá [v. Edda (Los)] y así em­pieza el relato cosmogónico que se apoya continuamente en poemas éddicos. Son na­rradas sucesivamente las diversas fases de la creación del mundo. Al principio exis­tía el Tártaro (Niflhel) recorrido por va­rios ríos derivados de la fuente Hvergelmir, y en el Mediodía el ardiente territorio del Múspell. Cuando aquellas corrientes, que son llamadas Élivágar, alejándose de la fuente, se helaron, la espuma venenosa que llevaban se transformó en una escarcha que se extendió sobre toda la gigantesca hendidura del Ginnungagap, el cual, ocu­pado al Norte por los hielos, quedaba libre a Mediodía por las pavesas que provenían del Múspell. La corriente de agua caliente al encontrar la escarcha, la hizo gotear, y de dichas gotas surgió un ser antropomor­fo, el malvado Ymir, quien sudando du­rante el sueño generó una estirpe de gi­gantes igualmente malvados. De dicho goteo nació también una vaca, Audhumla, cuyas ubres alimentaban cuatro ríos de leche, de la cual se alimentaba Ymir. La vaca entre tanto iba lamiendo las rocas saladas cu­biertas de escarcha; y así el primer día sur­gieron de las rocas cabellos humanos, el segundo una cabeza de hombre, el tercero un hombre entero y de hermoso aspecto: Buri.

Buri tuvo un hijo llamado Bor, que se casó con Bestia, hija de un gigante, y engendraron tres hijos, los señores del cie­lo y de la tierra, entre ellos Odín, el óptimo y supremo. Los hijos de Bor mata­ron al gigante Ymir y en su sangre ahoga­ron a todos los gigantes a excepción de uno, Bergelmir, que se salvó con su mujer, dando luego origen a la nueva generación de gigantes, siempre viva. Los hijos de Bor cogieron el cuerpo de Ymir, lo llevaron al centro del Ginnungagap y con su sangre hi­cieron el mar y los lagos, con la carne la tierra, con los huesos las montañas, con la cabeza el cielo en cuyos cuatro extremos colocaron un enano. Dieron después orden a las pavesas que surgían del Múspell, de que iluminasen el cielo y la tierra, rodea­da por completo de mar, y cuyos límites extremos señalaron a los gigantes. Para defenderse de éstos construyeron, sirviéndose de las cejas de Ymir, una empalizada y esta región central así protegida es el Midgard. Luego arrojaron al aire el cerebro de Ymir, produciendo las nubes. Un día los hijos de Bor encontraron a lo largo de la orilla del mar dos troncos de árbol y de ellos, infundiéndoles vida y sentidos, formaron los primeros hombres: Ask, el varón, y Embla, la hembra.

En el centro del mundo construyeron entonces el Ásgard, morada de los dioses. De Odín y de Frigg, su mu­jer, desciende la estirpe de los Aesir. La tierra es hija y al mismo tiempo mujer de Odín; con ella generó, efectivamente, a Thor, cuya gran fuerza es conocida. Odín destinó luego a la oscura Noche, hija del gigante Narfi, y a su claro día Dag a co­rrer con un carro por el cielo, alternativa­mente; y reguló el camino del sol y de la luna, que efectúan su largo viaje con la amenaza de ser devorados por dos lobos, Skoll y Hati, hijos de una giganta. Los dio­ses unieron luego la tierra y el cielo con un puente, Bifróst, el arco iris. Luego los dioses se acordaron de los enanos, gusanos nacidos de la carne de Ymir; recibieron inteligencia y forma humana, pero siguie­ron viviendo dentro de la tierra y las ro­cas. Todos los días los dioses se reúnen en consejo junto al fresno Yggdrasill, cuyas ramas se extienden sobre el mundo entero y llegan al cielo. Yggdrasil tiene tres raí­ces: una en el país de los Aesir, otra en el país escarchado de los gigantes y la ter­cera sobre el Tártaro.

Bajo la raíz que se sumerge cerca de los gigantes está la fuen­te de Mímir, donde se esconde la agudeza y la inteligencia; y el sapientísimo Mímir bebe en dicha fuente. Un día también Odín quiso beber pero tuvo que dejar un ojo en prenda: por eso sólo tiene un ojo. La tercera de las raíces del fresno se intro­duce en el cielo y cerca de la fuente que está bajo ella viven las tres Nornas que dirigen la vida de los hombres: Urd, Ver- dandi y Skuld. Otras normas descendientes de dioses, elfos y enanos, dirigen la vida de todo lo demás. Después de haber pre­guntado sobre las moradas celestes, Gangle­ri pasa a preguntar sobre los dieses y ob­tiene en respuesta que hay doce y que «las diosas no son menos venerables ni menos poderosas». El primero de los dioses es Odín, al cual todos los demás están sometidos como hijos al padre. Su mujer Frigg cono­ce el destino de los hombres, pero no lo revela. Después de Odín le sigue en im­portancia Thor, el más fuerte de los dioses y de los hombres.

Thor tiene un coche ti­rado por dos cabras, el famoso martillo Mjóllnir, un cinturón que, cuando se lo pone, le redobla las fuerzas, y guantes de hierro, que se pone cuando empuña el mar­tillo. Otro hijo de Odín es Baldr, loado por todos, hermoso de aspecto, blanco de cuer­po y rubio, «el más sabio de los dioses, el más elocuente y benéfico», el más puro. Viene luego Njórd, que tiene dominio sobre los elementos, los vientos, el mar y el fue­go; pero Njórd no pertenece a la estirpe de los Aseir; es uno de los Vanos (o sea, verosímilmente, de aquellos dioses más an­tiguos que fueron luego desposeídos por los Aseir). Njórd vive con gusto cerca del mar, mientras que su mujer Skadi, hija de gi­gantes, prefiere los montes por los que corre con los esquíes, armada de un arco, cazando. Hijos de Njórd son Freyr y Freyia. Freyia tiene «poder sobre la lluvia y sobre el sol y debido a ello sobre la vegetación, y es bueno invocarla para obtener buenas cosechas y paz». A Freyia, cuando está pre­sente, le pertenece la mitad de los caídos sobre el campo de batalla (la otra mitad co­rresponde a Odín); presta oído benévolo a los hombres, se complace con los poemas de amor, «de modo que los amantes hacen bien en invocarla»; tiene un carro tirado por gatos.

Tyr es entre los dioses «el más atrevido y animoso y de muchas maneras decide el éxito de las batallas; los guerre­ros hacen bien en invocarlo». Bragi es fa­moso por su sabiduría y especialmente por el arte de la palabra. Sabio, grande y sa­grado es Heimdall, a quien le dieron nueve hermanas; es el guardián de los dioses para que no les asalten los Gigantes montañe­ses; duerme menos que un pájaro, «ve igualmente bien de día y de noche, a cien millas de distancia; incluso oye crecer la hierba en la tierra y la lana en los cor­deros». Hód ciego, es el inconsciente autor de la muerte de Baldr; silencioso el fuerte Vidar; atrevido Áli o Váli; buen arquero y esquiador Ull; conciliador Forseti, el hijo de Baldr y de Nanna. También está comprendido entre los Aseir Loki, a quien algunos llaman «el autor de todo fraude, la vergüenza de los dioses y de los hom­bres», «hermoso de aspecto, pero malvado de ánimo», superior a todos en las artes del engaño. Su mujer es Sigyn, su hijo Nari o Narfi. Pero, con la giganta Angrboda, Loki tuvo en otro tiempo al lobo Fenrir, la serpiente de Midgard y Hel. Cuando los dioses supieron de aquellos hijos, de los que nada bueno podía esperarse, Odín los hizo expulsar y lanzó la serpiente al mar profundo, «y la serpiente creció tanto que se pudo morder la cola rodeando todas las tierras». Hell fue lanzada al Tártaro y le fueron concedidos en señorío todos los hom­bres que mueren de enfermedades o de vejez.

El lobo en cambio creció junto a los dioses, que consiguieron atarlo con una cadena, Gleipnir, fabricada por los elfos negros, y meterle una gran espada en las fauces, de modo que aullara terriblemen­te hasta el fin del mundo. Entre las diosas la más importante es Frigg; después de ella Freyia, que siempre llora a ód, el esposo ausente. Sjófn inclina al amor los sentidos de los hombres. Vár escucha las secretas promesas que se hacen hombres y mujeres y castiga a quienes no las guardan. Hay lue­go las Valkirias, que Odín envía a los cam­pos de batalla y que deciden quién será el vencedor. Snorri parafrasea luego el poema éddico de Skírnir y describe, si­guiendo las normas del Poema de Grímnir, la vida de los guerreros en el Valhalla. Luego es narrado el nacimiento del caballo de ocho patas Sleipnir, el mejor de los cor­celes, generado por Loki transformado en yegua y por el caballo Svadilfoeri, del que se servía el gigante que construyó a los dioses la fortaleza que había de asegurarles contra sus enemigos. Sigue el relato de la visita de Thor a úrgardaloki, una de las joyas literarias del Edda. Sigue a este re­lato el más breve de la pesca de la ser­piente por Midgard, que Thor consiguió atraer al mar y arrastrarla, horrendo es­pectáculo, hasta la barca y que hubiera ma­tado si el gigante que estaba con él no le hubiese cortado el sedal. Viene luego el re­lato de la muerte de Baldr.

Habiendo teni­do éste malos sueños, Frigg se hizo prestar juramento por los elementos, por todas las cosas y por todos los seres vivos, de que salvarían a Baldr. Hecho esto, los Aseir se divertían experimentando la invulnerabilidad de Baldr. Pero el malvado Loki, habiéndose presentado a Frigg bajo un fal­so traje y enterándose así de que el muér­dago no había prestado juramento, arran­có una rama, la afiló y la hizo lanzar con­tra Baldr por el ciego Hod. Baldr cayó muerto. Los Aseir quedaron profundamente doloridos y conmovidos; luego Frigg propu­so que alguien fuese a los infiernos para tratar de rescatar a Baldr: Hermód se ofreció para la empresa. Entre tanto, cuan­do el cadáver de Baldr fue colocado sobre la nave para ser incinerado, Nanna, su mu­jer, murió de dolor y fue quemada junto con el esposo, a quien la diosa de los in­fiernos, Hel, hubiese liberado si «todas las cosas del mundo, las vivas y las muertas, lo lloraban».«Hombres y animales, la tie­rra, las piedras, la madera y todos los me­tales lo hicieron»; sólo se negó una gi­ganta ^ que estaba sentada en una gruta y también se contuvo el mismo Loki: por eso Baldr tuvo que quedarse en los infiernos. Se cuenta luego que Loki, temeroso, se es­condió en una montaña, transformándose de día en salmón. Thor consiguió cogerlo, apretándole fuertemente por la cola y por esto, añade el relato, el salmón tiene la cola delgada. Loki fue atado en una caverna: encima de él, una serpiente derrama veneno sobre su cara. La mujer de Loki, Sigyn, recoge el veneno en una escudilla pero, cuando va a verterlo, las gotas caen sobre la cara del dios que tiembla todo él; y ésta, dice el relato, es la causa de los terremotos. Así atado permanecerá Loki hasta el cre­púsculo de los dioses que será precedido por grandes y atroces luchas que durante tres años agitarán al mundo y se sucederán durante tres inviernos sin interrupción.

Entonces los lobos devorarán el sol y la luna; las estrellas caerán; la tierra tembla­rá y se hundirá toda ella; el mar inundará la tierra porque la serpiente que rodea el mundo se agitará airada; Naglfar, el barco hecho con las uñas de los muertos, naufra­gará. Las fauces del lobo Fenrir se alarga­rán desde la tierra al cielo; junto a él la serpiente del Midgard lanzará en torno tan­to veneno que cubrirá las tierras y los mares. El cielo se abrirá y avanzarán los hijos del Múspell, delante de todos Surt, hasta el campo de Vígrid, donde se encon­trarán con el lobo Fenrir, la serpiente del Midgard, Loki, Hrym, el gigante piloto del Naglfar, seguidos de los gigantes del rocío y de los habitantes de los infiernos. Alar­mados por Heimdall, los Aseir y los guerre­ros del Valhalla se armarán y saldrán al campo.

Odín se enfrentará con el lobo Fen­rir y será devorado, pero Vidar, entrando en las fauces del lobo, conseguirá matarlo, desquijarándolo. Thor matará finalmente a la serpiente del Midgard, pero sucumbirá a sus venenosas exhalaciones. Freyr caerá en la lucha contra Surt. Tyr y el lobo Garm, Loki y Heimdall se matarán entre sí. En­tonces Surt sembrará de fuego la tierra, que se consumirá toda. A este inmenso incen­dio y ruina del cosmos sigue la profecía de una edad de oro futura. «La tierra emer­ge del mar, y es verde y hermosa; en los campos las mieses crecen sin sembrarse». Vidar y Váli han huido de la inundación y del incendio; se unirán con ellos los hijos de Thor, Módi y Magnz, llevando el famoso martillo de su padre, y rememorando los tiempos antiguos. También dos seres huma­nos, Lif y Lifthrasir, sobrevivirán y su des­cendencia poblará de nuevo el mundo. Tam­bién el sol tendrá su progenie, no menos hermosa que él. Aquí termina la profecía y con ello esta primera parte del Edda de Snorri, en varios aspectos la más intere­sante. La segunda parte del libro («Skaldskaparmál») está dedicada a explicar las cir­cunlocuciones o metáforas poéticas («kenningar») usadas por los escaldas (v. Poema del cuervo).

El inicio es mitológico novelesco: Agir, un danés de la isla de Laso en el Kattegat, experto en magia, va a la sede de los dioses, el Ásgard, y allí, acogido hos­pitalariamente y mientras le dan de beber, Bragi le narra dos historias, que forman par­te del gran ciclo de relatos que tienen por asuntos relaciones, sustancialmente hos­tiles, entre los Gigantes y los nuevos dio­ses, los Aseir. La primera tiene evidente­mente la sola finalidad de deleitar; la se­gunda, a más de deleitar, trata de intro­ducir elegantemente, como conviene a un libro que se dirige a los jóvenes poetas y aficionados a la poesía, la amplia enumera­ción que sigue, de las circunlocuciones escáldicas. El primer relato es una aventura ocurrida a Odín, Loki y Honir; cómo el gi­gante Thiazi consiguió robar a Idun con sus manzanas, que mantenían a los dioses en perpetua juventud, y cómo la perdió más tarde y fue muerto. El segundo relato de­riva de la pregunta de Agir de cómo nació la poesía. A la pregunta Bragi responde re­cordando la guerra entre los Aseir y los Vanos. Al reconciliarse, se pusieron todos a escupir en un plato que los primeros se lle­varon y con el que formaron un hombre sapientísimo, Kvasir. Una vez que estaba visitando a dos enanos, éstos lo mataron y recogieron su sangre en dos escudillas, la mezclaron en un barreño con miel y así prepararon una bebida que hace poeta o docto a quien la bebe. Los dos enanos ma­taron luego al gigante Gilling y a su mu­jer.

Amenazados a su vez de muerte por el hijo del gigante, Suttung, le disuadieron prometiéndole la admirable bebida, que Suttung, llevó a su casa y allí puso de guar­dia a su hija Gunnlod. Por eso la poesía es llamada «sangre de Kvasir», «bebida de los enanos», «líquido de ódroerir» (el barreño), de Bodn o de Són (las escudillas), «hidro­miel de Suttung», «Humedad de Hnitbjórg» (el lugar donde Suttung la dejó). Se narra luego cómo los Aseir consiguieron su pose­sión y cómo por ello la poesía es llamada «presa» o «sorbo» o «donde Odín», o bien «sorbo de los Aseir». Sigue una serie de ejemplos de metáforas «kenningar» de las que se servían los escaldas. Estos tropos, referentes a los dioses, al cielo, a la tierra, al mar, al hombre, a la mujer, al oro (para el que son particularmente numerosos), a la batalla, a las partes de la armadura, a Cristo, se relacionan en parte con los rela­tos cosmogónicos y mitológicos de la «Gylfaginning» que hemos resumido, en parte son aclarados con nuevos relatos, entre los cuales merecen ser mencionados los que explican cómo Thor venció al gigante Hrungnir y cómo superó los engaños pre­parados y mató al gigante Geirród.

Snorri selecciona luego una serie de sinónimos que se emplean en la lengua literaria y poética. La tercera parte de la Edda, «Háttatal», o sea «muestrario métrico», consta de un pa­negírico de ciento dos estrofas distintas en honor del rey de Noruega Hákon y del conde Skuli (los mismos que aparecen en los Pretendientes a la corona de Ibsen) junto a quienes Snorri había sido huésped de 1218 a 1220. Cada estrofa va acompañada de un comentario métrico que acaba cons­tituyendo una especie de manual. Tanto los «Skaldskaparmál» como el «Háttatal» son preciosos para el conocimiento de la poesía noruega. Ha sido verdaderamente una suer­te que en el declive de la civilización nór­dica antigua un docto literato como Snorri compusiera tal libro, que es la mejor in­troducción para la comprensión de la poe­sía escáldica, una fuente de primera im­portancia para la mitología y, en muchos fragmentos, una lectura deliciosa. Snorri, de hecho, además de un docto era un es­critor, y se dejó llevar por la afición al relato, durante toda la primera parte, que forma una unidad arquitectónicamente bien dibujada. Comenzando por los orígenes del mundo para terminar con la profecía de su inevitable fin, la «Gylfaginning» es una ar­tística y equilibrada representación cíclica de la cosmología y mitología nórdicas.

V. Sznarbachowski