Bajo el nombre genérico y vago de Edda, título que corresponde en propiedad al libro de Snorri, se entiende, también, aunque impropiamente, una serie de poemas noruegos de contenido diverso llegados hasta nosotros principalmente a través de un manuscrito, el «Codex Regius 2365» de la Biblioteca Real de Copenhague. Dio el nombre de Edda a esta serie de poemas antiguos el descubridor del códice (1642), un erudito obispo islandés, Bryn- jolf Sveinsson que, advirtiendo la evidente relación de dependencia de pasajes de la Edda de Snorri con estos poemas, extendió a ellos, por la parcial identidad de la materia, el título del libro de Snorri. Luego se dispuso a distinguir ésta de la más antigua recopilación poética, atribuyéndola a quien habría sido el ideal maestro de Snorri, Sámund.
Por esto la serie de los Edda fue llamada «Edda de Sámund» y luego, por el que negó la indebida atribución, «Edda antiguos» (el Edda de Snorri es sin duda alguna más reciente) o también «poéticos» (el Edda de Snorri es un libro en prosa). Nosotros entendemos bajo el nombre de Edda los poemas transmitidos por el «Codex Regius 2365» además de algunos otros completamente similares. Adviértase que, aun de los poemas conservados en el Regius] la lección de este códice no es siempre la misma. Sólo de muy pocos poemas éddicos se ha podido establecer con suficiente seguridad su patria. Tanto Noruega, como las colonias noruegas de occidente, o sea todo el mundo noruego, han tomado parte, a lo que parece, en su creación y elaboración.
En otras palabras, el género «éddico» fue la forma de poesía que cultivaron sobre todo los noruegos y con la que más se deleitaron. La otra gran forma poética noruega, la de los escaldas, intrínsecamente más reciente, fue de hecho una obra de arte rebuscada y artificiosa, destinada a ser comprendida y disfrutada únicamente en círculos reducidos. Incluso en Groenlandia nacieron poemas éddicos, pero la mayoría fueron compuestos en Noruega y, sobre todo en Islandia. Del mismo modo que tienen diyersa patria, pertenecen también a distintas épocas. Los más recientes, casi contemporáneos de los códices, han de atribuirse al siglo XIII: los más antiguos pueden remontarse al siglo IX. Durante cierto tiempo los poemas de los Eddas fueron, pues, transmitidos oralmente: es preciso recordarlo al valorar la tradición. Como en Rusia o en Servia, también en el mundo noruego un poema, una vez compuesto, era adoptado por algún buen cantor del cual los demás lo aprendían a su vez.
Se formó así una tradición poética cuya fidelidad a la palabra transmitida era la primera regla. A esta fidelidad debió de contribuir también el convencimiento de la realidad de los antiguos hechos narrados en los poemas, fuesen de héroes o de dioses. Cambiar la redacción hubiese representado, pues, alterar, falsear la realidad de unos acontecimientos tan memorables; y ningún cantor hubiera podido permitirse tal licencia. Es verosímil que estos cantores, de ingenio agudo, fueran de alta condición social, como sabemos de los narradores de sagas. Sólo hombres inteligentes, no oprimidos ni embrutecidos por la miseria, tienen la posibilidad de cultivar la poesía, de atender al relato. Los poemas éddicos son breves: ordinariamente, de unas pocas decenas de estrofas.
La estrofa, adoptada, según parece, por influencia francesa, consta de ocho o seis versos breves; cada verso breve, de dos compases y de dos arsis, suele tener cuatro o cinco sílabas en los poemas más antiguos y un número fijo de sílabas en los más recientes. Dos versos breves pueden unirse mediante la aliteración y formar un verso largo. Los poemas éddicos son en su mayoría narrativos; una pequeña parte, didascálicos. Casi todos los narrativos y siempre los más antiguos y hermosos, son heroicos. La mayor parte tienen como contenido la leyenda de los Nibelungos (v. Los Nibelungos). Ordenándolos cíclicamente, o sea, fijándonos en el asunto, los poemas de la leyenda nibelúngica son: Reginsmál[Poema de Regin]; Fafnismál [Poema de Fafnir]; Sigdrífomdl [Poema de Sigdrífa]; el llamado fragmento [Brot] de un poema de Sigurdh; Gudhrúnarkvidha [Poema de Gudruna] I—III; Sigurdharkvidha in skamma [Poema breve de Sigurd]; Helreidh Bryn- hildar [Viaje de Brunilda al Ada]; Oddrú- nargrátr [Lamento de Oddrun]; Atlakvidha [Poema de Atila]; Atlamdl in groenlenzko [Poema groenlandés de Atila]. Funden la leyenda nibelúngica con la de Hermanarico la Gudhrúnarhvot [Instigación de Gudruna] y los Hamdhismdl [Poema de Hamdir].
La Gripisspá es ya un poema cíclico. Entre los poemas heroicos aislados, el Poema de Vol und (v.) y el otro, fragmentario, sobre la Batalla de los Hunos destacan por su valor poético y la antigüedad de sus rasgos. Un lugar aparte ocupan los dos poemas de Helgi matador de Hunding [Helgakvidha Hundingsbana I y II] y de Helgi hijo de Hiorvardhr. Al género de los Eddas pertenecen también poemas transmitidos por diversos caminos: el Poema del molino Grotti [Grottasongr]; el Poema de Bjarki [Bjarkamál] que conocemos principalmente a través de la versión latina de Saxo Germánico; el Poema de Ingjald, obra de un poeta danés del siglo X conocido igualmente por nosotros gracias a la versión latina de Saxo. También es narrativo el Poema de Thrym [Thrymskvidha] que relata cómo Thor, ayudado por Loki, haciéndose pasar por Freya, a quien el gigante Thrym deseaba por esposa, recuperó su famoso martillo y mató con él al gigante y a toda su estirpe.
Los personajes y las situaciones están muy bien caracterizados: Thor, propenso a la ira y bastante grueso; Thrym, pretendiente ambicioso, bonachón y soez; los dioses que se reúnen en concilio preocupados porque a Thor le han robado el martillo; el banquete nupcial de los Gigantes con la gran cena de la esposa. Carente de todo respeto, el poeta contempla a aquellos dioses y gigantes con deleite e ironía. La comicidad que llena el poema surge de esta indiferencia del poeta por aquel mundo de dioses y gigantes con el que se deleita su fantasía. Otras empresas maravillosas de Thor constituyen más tarde la materia del Poema de Hymir [Hymiskvidha] y del Poema de Alvis [Alvissmál], posteriores y menos notables que la Thrymskvidha. Incluso los restantes poemas mitológicos como los Skímismál, que narran la embajada amorosa de Skírnir cerca de la joven gigante Gerd, son preferentemente narrativos, igual que la Lokasenna y los Hárbardhsljódh, los cuales tienen la forma popular del debate.
Por otra parte, incluso los poemas predominantemente didácticos recurren en mayor o menor medida a* los fragmentos narrativos. Las diferencias de estilo entre los poemas éddicos antiguos y los más recientes destacan claramente en la comparación. Tómense por ejemplo los dos de Sigurdh (v.) o, mejor, de Brunilda (v.): el Fragmento, más antiguo, y el llamado Poema breve, más reciente. El tema es el mismo: cómo Brunilda persuade y excita a la muerte de Sigurdh; cómo éste es asesinado; el dolor de Gudhrún (v. Gudrun); la risa de Brunilda y luego su dolor y su llanto, la profecía de la venganza que espera a la estirpe de los Nibelungos, su decisión de seguir en el más allá al héroe muerto. Y también la forma narrativa, que en los puntos culminantes se convierte en dialogada, es, genéricamente, la misma. Sin embargo las diferencias saltan a la vista. No es que sean todas ellas materiales; incluso las que pueden parecer tales, no son verdaderamente materiales. «Fue muerto Sigurdh al Sur del Rin». Así dice el poema antiguo y nada más.
El poema más reciente, con una innovación, hace asesinar a Sigurdh en su lecho y describe cómo el héroe, herido de muerte, consiguió partir por la mitad con su espada al asesino, Guttorm, y le hace consolar a Gudhrún, y le explica que ha guardado el juramento hecho a sus cuñados de no ser nunca amante de Brunilda. Con mucha mayor energía el poema más antiguo hace despertar a Brunilda de un sueño infausto y acusar como perjuros a Gunnar (v. Gunter) y a los suyos, mientras Sigurdh, yaciendo junto a ella, pasada la cortina de fuego, se había portado lealmente con su señor colocando entre él y la mujer su espada. Además, el poema más reciente se detiene en detalles materiales del asesinato de Sigurdh y de Guttorm; sobre el desmayo y las manifestaciones de dolor de Gudhrún.
El poema antiguo, más sencilla, pero más poéticamente, hace responder a Hogni: «Con la espada hemos matado a Sigurdh; siempre sobre el príncipe muerto inclina la cabeza el gris corcel»; y Gudhrún maldice sólo a Gunnar, expresando el propósito de venganza. El poeta más reciente se preocupa además en motivar psicológicamente, con el amor que siente por Sigurdh, la instigación de Brunilda al asesinato, motivo que luego desarrolla ampliamente en la segunda parte del poema. Es el amor lo que la ha llevado a ordenar el asesinato del amado: sólo le ha amado a él, a él y a nadie más. Esta solemne proclamación del derecho del amor es desconocida por la poesía éddica más antigua. Y es esta pasión, fuerte hasta más allá de la muerte, la que inspira el elocuente y solemne final: la última voluntad de la moribunda que dispone la incineración solemne de Sigurdh y la suya, a quienes, como corresponde a los príncipes, acompañarán en la pira y en el viaje a ultratumba, doncellas y criados, armas y ornamentos preciosos. Y en medio de ellos ordena que sea colocada la espada, como cuando «nosotros dos subimos a un solo lecho y esposos fuimos llamados».
El poeta más antiguo es ciertamente más grande. Pero, aparte del distinto vigor, son características del poeta más reciente, por un lado la profundización psicológica, por otro, una mayor riqueza de detalles. Estos rasgos no resultan aislados en el Poema breve de Sigurdh: caracterizan en general los poemas más recientes de los Edda. Si de la consideración de la forma pasamos a la del sentimiento, encontraremos en los poemas antiguos al individuo más ligado a su estirpe, los sentimientos de ambición y de venganza más fuertes y exclusivos; en los poemas recientes, el individuo está más aislado, con una vida interior más autónoma, con una sensibilidad menos elemental y más variada. Así, en el segundo Poema de Helgi, matador de Hunding, vemos que Dag, «obligado» por la fuerza de la costumbre a vengar a su padre y al de Sigrún, ayudado por Odín mata a Helgi, el esposo de Sigrún «el mejor hombre que hubo en el mundo».
Entonces su hermana Sigrún invoca sobre él terribles maldiciones: su amor por Helgi es más fuerte que el vínculo de la sangre. En la leyenda antigua, Gudhrún vengaba a sus hermanos matando a esposo Atila y a los hijitos tenidos de él; la walquiria Sigrún se casa con Helgi después que éste ha matado en batalla a su padre y a un hermano, que han acudido en ayuda de Hodhbrodd, el prometido rechazado por ella. Nada en el mundo puede compensarla ni consolarla de la pérdida de Helgi. Una noche, una criada de Sigrún ve al señor* muerto cabalgar hacia el túmulo sepulcral y advierte a la reina, que va al encuentro del desaparecido esposo, feliz, dice la imagen heroica, como cuervo que ha descubierto «carne caliente», y no teme besarle. La cabellera del héroe está bañada de rocío, el pecho manchado de sangre. Son, dice el héroe, las lágrimas de dolor que Sigrún derrama cada noche. La esposa le alarga entonces, como en tiempos de vida feliz, el cuerno para que beba y se restaure.
Y el héroe bebe, despreocupado de haber perdido la vida y la fuerza terrena, puesto que ahora, en el túmulo, Sigrún es otra vez su compañera, que de nuevo, en el lecho que ha preparado, como antaño, quiere descansar entre sus brazos. Admirado de tanta fuerza de amor, Helgi dice que no considera ya nada imposible, ni ahora ni en el porvenir, desde el momento en que la joven yace con él. Al salir el sol, antes del canto del gallo, Helgi se levanta para emprender el camino de vuelta. A la noche siguiente, Sigrún espera aunque inútilmente, que de la sala de Odín, vuelva el esposo. No pasó mucho tiempo, advierte el epílogo en prosa, antes de que, consumida de preocupación y dolor, Sigrún muriese. Los vínculos, fortísimos en la sociedad primitiva, de la estirpe y de la sangre, el temor primitivo (que vive aún en la criada que advierte a su señora para que no se atreva a visitar de noche la casa de los muertos) ante los difuntos que vuelven, las mismas leyes de la vida y la muerte, son, en este poema, bellísimo entre los de los Edda, superados por la fuerza del amor.
Los poetas éddicos más antiguos no se separan de la leyenda heroica primitiva: continúan viviendo en aquel mundo y su valor consiste únicamente en su fuerza dramática y narrativa, en la estilización que resulta de pocos detalles por sí mismos llenos de relieve y de efecto. El autor del segundo Poema de Helgi tiene una sensibilidad mucho más afinada y moderna. La sociedad primitiva, con sus vínculos y sus creencias, es el fondo sobre el que destacan, liberándose, Sigrún y Helgi; y la poesía nace de este contraste de un gran amor que compendia toda una vida y sobrevive a la muerte corporal y genera un dolor que, hecho sentimiento máximo y único, conduce a la muerte. Sobre el fondo heroico común a la poesía éddica, este poema destaca por su intimidad y humana tristeza y dolor, por esta purificación de las pasiones que un poeta dotado, original, ha conseguido lograr.
Si este poema, el más antiguo de los dos poemas de Helgi matador de Hunding, es el más hermoso, no es sin embargo el único que destaca el personaje de la acción de la serie de sucesos con los que en cambio los más antiguos le identifican. De estos poemas éddicos dolorosos, y elegiacos, tres narran la vida de Gudrún, la gran desgraciada de la leyenda heroica, privada de maridos, hermanos e hijos (Gudhrúnark vidha I y II, Gudhrúnarhvot); uno de Brunilda en su viaje al Hades (Helreidh Brynhildar); otro contiene el lamento de Oddrún (Oddrúnargrátr), hermana de Atila, sobre su desgraciado amor por Gunnar. Entre ellos, poéticamente, el más notable es Gudrún excitando a sus hijos a la venganza [Gudhrúnarhvot], es decir a la venganza de Svanhild, hecha despedazar por los caballos de su marido celoso, el rey godo Jórmunrek (Hermanrico). Ella sabe que los hijos no volverán, y así, pasando del triste presentimiento a los dolorosos recuerdos, rememora llorando, como Bárbara Níobe, las desgracias sufridas. Cansada de vivir, invoca a Sigurdh, su primer y preferido esposo, para que vuelva, como había prometido, del Hades para llevársela: y ordena que se le prepare la pira, sobre la cual se resolverán finalmente las graves preocupaciones.
Junto a los narrativos, los Edda contienen numerosos cantos gnómicos. Los más explícitamente didácticos son los que forman el grupo de los Hávamál, es decir, las Máximas del Señor (o sea Odín), porque una parte de dichos poemas está constituida por breves relatos con los cuales el mismo Odín ilustra algunas sentencias prudenciales. Cosmogónico, escatológico y, en su última parte, profético, es el poema que ocupa el primer lugar en el Codex Regius y, por tanto, en la edición: la Volospá, o sea la Predicción de la Vidente. La Vidente, que, antes de iniciar sus palabras, impone silencio, narra que creció entre los Gigantes; y ello explica su ciencia cosmogónica. Pasa entonces a describir en sus momentos sucesivos el origen del cosmos y de sus habitantes, comenzando por Ymir, el primero de los gigantes, que existía cuando aún no existían ni el cielo ni el mar ni la tierra; la aparición del mundo de los hombres, el Midhgard, es obra de Odín y de sus dos hermanos; la regulación del curso de los cuerpos celestiales y de las horas del día; la aparición de las Nornas, hijas de los gigantes, Urd, Verdandi y Skuld, que regulan la vida de los hombres; el ingreso en el mundo del mal y de la guerra con la lucha de las estirpes divinas de los Asos y de los Vanos.
Dotada por Odín de la facultad de prever el futuro, la Vidente predice entonces la gran catástrofe inminente, el «crepúsculo de los dioses»; la matanza de Baldr, «sacrificio sangriento», y la corrupción del mundo son las señales premonitorias. Los dioses morirán combatiendo contra los monstruos, el sol se oscurecerá, se precipitarán las estrellas, la tierra se sumergirá en el mar. Surgirá luego un nuevo mundo y una especie de edad de oro, y los dioses se encontrarán en los campos del Ada. Esta última parte profética es la más hermosa del poema, que de ella ha tomado tradicionalmente el nombre. Trad. parcial al italiano de O. Gagala, Cantos de la Edda.
V. Santoli

