Diálogo de las transformaciones de Pitágoras, Cristóbal de Villalón

Diálogo satírico cuyo título comple­to es: Diálogo que trata de las transforma­ciones de Pitágoras, en que se entroduce un zapatero llamado Micyllo e un gallo en quya figura anda Pitágoras. (Los mismos personajes aparecen en otro Diálogo del autor, Crotalón). La obra empieza con los lamentos de Micyllo porque el gallo le ha despertado precisamente cuando estaba so­ñando con riquezas. El gallo contesta a su lamento, lo cual maravilla mucho al zapa­tero, pero aquél le dice que no tiene nada de extraño que un animal hable y la histo­ria ofrece de ello muchos ejemplos (así el caballo de Aquiles). Le asegura además que él es Pitágoras.

Antes de entrar pro­piamente en el terreno de las transforma­ciones, se alude a la ascendencia del gallo y Micyllo narra la asistencia al banquete del rico Everates y el espectáculo que dio el filósofo viejo y enfermo, que con su comportamiento y su miseria física y mo­ral constituye un alegato y una sátira con­tra los que tienen fama de saber. Luego el gallo empieza a contar sus sucesivas transformaciones: la primera vez que nació fue Euforbio, personaje que peleó en la guerra de Troya y fue muerto por Menelao.

Por esto él puede afirmar que Homero no dijo la verdad, pues no estuvo presente en la guerra de Troya y en aquel momento estaba viviendo una existencia anterior a la de poeta como camello en la India. Así el gallo puede afirmar que lo que en Troya ocurrió no fue tan importante como afirma Homero en sus poemas. La segunda vez que nació fue Pitágoras, y de esta vida nos dice: «yo fui en suma un sofista, y no ne­cio, muy poco ejercitado en las buenas dis­ciplinas», y como viera que aburriría a los hombres enseñándoles cosas nuevas, decidió inventar. Más tarde fue convertido en Dio­nisio, rey de Sicilia. Para asegurar su trono degolló hermanos y cometió todo género de crímenes y barbaridades.

De Dionisio pasó a ser el rico Epulón y casó con cuatro mu­jeres y nos cuenta las vicisitudes que le ocurrieron con ellas. De rico Epulón fue transformado en asno y sufrió sucesivos amos, unos arrieros, un húngaro, unos sol­dados, unos alemanes. Este episodio contie­ne una dura crítica contra el Papado. Más tarde fue convertido en rana, en ramera, en gañán, en pavón, etc. A la pregunta de Mi­cyllo de cuál estado le pareció mejor, con­testa: el de rana, entre los animales; y entre los estados de hombre, el de pobre, como lo es él, Micyllo, pues así no debe temer a la fortuna, se libra de la guerra, no tiene que pasar preocupaciones por su hacienda y puede dormir seguro. Así da respuesta a su queja del principio.

En esto llega el día y ambos se separan. Se trata, como queda claro, de una gran sátira, y la forma de diálogo y el artificio de las trans­formaciones no son sino un recurso para criticar una serie de actitudes de la socie­dad y de los hombres del tiempo. El gallo, que tiene la ciencia de Pitágoras, pues que ha vivido a través de las transformaciones, una serie de época y de estados, puede des­mentir y burlarse de las falsas creencias y sobre todo satirizarlas.