Belisario, Manuel Georgila Limenita

[Narración del ad­mirable individuo llamado Belisario ]. Poema bizantino que ha llegado a nosotros en tres redacciones, una de ellas en 556 versos, de quince sílabas, sin rima; otra en 840 versos que riman sólo hacia el final de la composi­ción, y la tercera en 997, todos rimados. La segunda es obra del versificador de Ro­das, Manuel Georgila Limenita (siglo XV), que amplió un poema anterior compues­to en el siglo XIV, o tal vez otro poema más antiguo, mientras que las otras dos re­dacciones carecen de nombre de autor. A través de toda la composición, escrita en lengua popular, se mezcla la verdad his­tórica con la leyenda del personaje, que se fue formando a través de los siglos (cierta­mente no antes del XI y tal vez mucho más tarde), y con la fantasía del autor, que hace navegar a su héroe nada menos que hasta Inglaterra, al servicio del rey, e introduce en la narración nombres de per­sonajes que vivieron en Bizancio después que el protagonista. En general, se trata de un trabajo netamente griego, sin influen­cias extranjeras, con cierto aliento heroico y dramático y con un final, único en los poemas populares bizantinos, que podríamos llamar patrióticos.

C. Brighenti

*   Con el mismo título de Belisario, se conocen varias obras, que confirman la fa­mosa leyenda con que la Edad Media coro­nó la figura del gran general caído en des­gracia de Justiniano, leyenda que parte de la Historia Secreta (v.) de Procopio de Cesarea. La obra más célebre, en el teatro europeo, es el Belisario [Belisaire], de Jean de Rotrou (1609-1659), tragedia en cinco ac­tos, representada en 1642 y publicada en 1644. Belisario, después de haber conquistado Persia y la India, regresa triunfante a su patria. Como el general desdeña el amor de la emperatriz Teodora, ésta quiere vengarse, instigada fuertemente por celos contra An­tonia, dama a quien él corteja. A Teo­dora la secunda Leoncio, que se cree arrui­nado por Belisario, y que al darse cuenta de su error, no quiere matar al héroe. Pero Narsés, favorecido de Justiniano, se encarga de llevar a cabo el hecho; conmovido, al ir a matarle, halla junto a Belisario, dormido, su nombramiento de gobernador de Italia. Del mismo modo falló en su empresa Filipo, enamorado de Antonia. La propia em­peratriz trata entonces de suprimir a Beli­sario; pero sorprendiéndola el emperador en el acto, sólo la clemencia de Belisario la salva de su justo castigo. A pesar de todo, calumniándole con una carta fingida, dirigida a Antonia y que la emperatriz dice haber recibido de ésta, Teodora hace privar de sus honores al general: Justiniano le condena a muerte y, apenas ajusticiado, Teodora confiesa su culpa. Pero ya es tarde. Muriendo inocente, Belisario demuestra la honestidad de su vida.

La tragedia, a pesar de que no puede contarse entre las mejores obras de Rotrou, es importante por su sencilla representación de las intrigas y por la pintura incisiva y pasional del pro­tagonista. La crítica de nuestros días, aten­ta a descubrir en Rotrou los motivos que hacen, de él, «inconsciente heraldo de Ra­cine», relaciona ésta con el Británico (v.); reelabora el drama español El ejemplo ma­yor de la desdicha de Antonio Mira de Amescua (15749-1644), aparecido en Zara­goza en 1632 y, atribuida, erróneamente, a Juan Pérez de Montalbán, con el nombre de la Comedia famosa del Capitán Belisa­rio y ejemplo mayor de la desdicha, y después, por un nuevo error, a Lope de Vega: publicóse, según el original, en Ma­drid en 1923, por Ángel Valbuena Prat, con otras obras del mismo escritor. En este drama se presenta al general bizantino con un pro­fundo sentido del honor; revelando el amor, en las varias intrigas de los persona­jes, acentos verdaderamente patéticos, has­ta en los contrastes y en los odios más acendrados.

C. Cordié

*       Un gran acontecimiento fue, en su tiempo, el Belisario [Bélisaire], tragicomedia de Gauthier de Costes de La Calprenède (1614-1663), representada en 1659 y nunca impresa en ella el carácter del general desciende del pedestal de tragedia de Rotrou para perderse en revoloteos y cantatas.

*       Es notable el Belisario [Bélisaire] de Jean François Marmontel (1723-1799), novela moral y política publicada en 1767. Según el espíritu de la ilustración, la trama representa la desgracia de la sabiduría, porque es maestra de bondad. Por otra parte, la narración está llena de aventuras y de intrigas. Justiniano es viejo y el imperio está en decadencia: sus cortesanos viven entregados a grandes orgías y festines. Belisario llega a un castillo de Tracia y dirige a los jóvenes palabras de devoción para el estado. El general está ciego y le guía un muchacho. El oven guerrero Tiberio cuenta todo esto a Justiniano, que quiere hablar de incógnito a su antiguo genera. Luego, Belisario encuentra en un poblado a Gelimer, antiguo rey de los vándalos, al que un tiempo venciera y juntos razonan filosóficamente sobre la existencia. Los búlgaros raptan a Belisario, pero él se niega a volverse contra el emperador bizantino y consigue refugiarse en una aldea que anta­ño salvara de los hunos. Más tarde encuen­tra a su familia desterrada en un castillo ruinoso; al verle, la mujer, enferma, muere y la hija se desmaya. El grande y fiel gene­ral advierte, por medio de Tiberio, al empe­rador que los búlgaros están en Tracia. En seguida, el emperador habla con Belisario, que no lo reconoce, sobre asuntos políticos: por fin, convencido de su inocencia, le vuelve a su favor. Eudoxia, hija de Beli­sario, se casa después con Tiberio, que su­cederá a Justiniano en el imperio bizanti­no. La obra, prolija y débil en las descrip­ciones, interesa por el testimonio del autor sobre los problemas de viva actualidad en el siglo de las luces, entre otros el de la tolerancia religiosa: famoso en tal concepto, es el capítulo XV, traducido al ruso por Catalina II, por las ideas innovadoras que contiene. La novela fue parodiada por un alegre escritor que bajo el nombre de Desriviéres «soldado de la guardia» [«soldat aux gardes»] imprimió un Hilario [Hilaire] en Amsterdam en 1767.

C. Cordié

*   También Carlo Goldoni (1707-1793) es­cribió un Belisario, drama popular que ini­ció la serie de sus éxitos teatrales en Venecia, aunque no sea obra de valor.

*   En cambio, ofrece algún interés el Be­lisario [Belisaire] (1808) de Stéphanie-Félicité Ducrest de Saint-Aubin de Genlis (1746-1830). Esta novela sigue bastante por encima la de Marmontel. Para no aludir a la política de los grandes, no se culpa en ella a Justiniano de los males del general, que fue perseguido y cegado por venganza de los enemigos envidiosos. Desenvuelve prolijamente el encuentro con Gelimer, en el que el soberano destronado recibe al ven­cedor en desgracia: esto sugiere a la es­critora numerosas páginas sobre la belleza del perdón. Se inspira también en Mar­montel, compitiendo en la tentativa de dar a la escena un personaje ejemplar, el Be­lisario [Bélisaire], drama en cinco actos y en verso de D’Ozicourt, publicado en 1779 y de estilo muy seco, aun en la búsqueda de una naturaleza que huya de los excesos de la pasión. El argumento, que abunda en re­ferencia a la sociedad moderna, inspiró en seguida otros modelos, entre ellos una tra­gedia en cinco actos de Victor Jony (1764- 1846), que se representó en 1818 y que en seguida fue prohibida por la censura que creyó atisbar en ella simpatías por Na­poleón.

C. Cordié

*   En música, merece recordarse una ópe­ra en tres actos, Belisario, de François André Danican Philidor (1736-1795), con li­breto extraído de la novela de Marmontel; fue representada en París en 1796, y la mú­sica refinada de Philidor, al gusto de Rameau y de Mozart, fue bastante aplaudida. Bajo el directorio, Pierre Garata (1764-1823) compuso una romanza Belisario con letra de Népomucéne; sigue un melodrama ho­mónimo de León de Saint-Lubin (1805- 1850), representado en Viena en 1827, y fi­nalmente el Belisario de Gaetano Donizetti (1797-1848), representado en Venecia en 1836 y en París en 1843. A pesar de sus cua­lidades, la obra no tuvo éxito.