Zenobia, Pietro Metastasio

Melodrama en tres actos de Pietro Metastasio (Pietro Trapassi, 1698- 1782), estrenado en Viena, con música de Predieri, en 1740. Zenobia, hija de Mitrídates. rey de Armenia, amada por Tirídates, hermano del rey de los partos y prometida a éste, ha sido dada por esposa a Radamisto, hijo de Farasmanes, en tanto que Tirídates es enviado a su país para tomar las armas y ayudar a Mitrídates.

Pero este rey ha muerto y Radamisto es acusado del asesinato, por lo que tiene que huir ante Tirídates, que avanza con sus tropas esperar do reconquistar a la perdida Zenobia. En la huida, Zenobia, que había seguido a su marido, vencida por la fatiga y no queriendo caer en manos de Tirídates, pide a Radamisto que la mate, y es dejada por muerta. En realidad ha sido salvada por una pastorcilla, Egle. Cuando el drama comienza, Zopiro, «falso amigo de Radamisto y enamorado de Zenobia», descubre que Radamisto quiere aplacar la sombra de su difunta consorte dándole sepultura, que Zenobia vive y se encuentra con Tirídates, y que éste, después de haberla recobrado, la ha perdido otra vez; así Zopiro, aprovechán­dose de esta situación, trata de enfrentar a Radamisto y Tirídates, haciendo creer a cada uno de ellos que Zenobia vive con el otro. Pero la fidelidad de Zenobia hacia su marido se manifiesta en las tentativas que hace para salvarle de las insidias de Tirídates; tanto que el propio Tirídates queda conmovido y edificado, en tanto que Zopiro, descubiertas sus turbias maniobras, confiesa, antes de morir, que quien mató a Mitrídates no fue Radamisto,’ sino su padre, Farasmanes.

Al celebrar con júbilo el triunfo de la virtud se descubre que Egle, la pastorcilla, es Arsinoe, hermana de Ze­nobia, salvada un tiempo de los rebeldes armenios; ella será la esposa de Tirídates. El drama, de puro tipo aventurero, no tiene figuras de gran relieve, excepto la de Ze­nobia, que, envuelta en una aura de mis­terio, representa la fidelidad conyugal triun­fante de toda insidia y toda tentación.

M. Ferrigni

Metastasio llevó la tragedia lírica al punto más alto de perfección de que era capaz su estilo puro y elevado, sus versos fluidos y armoniosos; una admirable claridad en los sentimientos, una aparente facilidad que esconde el penoso trabajo de la perfección; una conmovedora energía en el lenguaje de las pasiones, los retratos, los cuadros, las rientes descripciones, la suave moral, la filosofía insinuante, el análisis del corazón humano, sus reconocimientos dispuestos sin profusión y usados con arte, sus arias, o, por mejor decir, sus madrigales incompa­rables, ora al gusto de Píndaro, ora al de Anacreonte, le han hecho verdaderamente admirable y digno de una corona inmortal concedida por los italianos y no recusada por los extranjeros. (Goldoni)

…añadiré que en muchas de las tragedias con música del célebre abate Metastasio la unidad de acción, de lugar y de tiempo son respetadas; y que están llenas de la poesía expresiva y de la elegancia mesurada que embellece la naturaleza sin recargarla; ha­bilidad que después de los griegos, sólo Racine entre nosotros y Addison entre los ingleses, han poseído. (Voltaire)

Descendía de Tasso, de Guarini, de Ma­rino, pero en su obra vertía con tan fer­vorosa complacencia su conformidad con la sociedad en que vivía, que resultó una poe­sía a la vez moderna e íntimamente genial, ‘la cual por otra parte hacía florecer, colorear y armonizar la nada. (Carducci)

*    El texto de Metastasio se puso muchas veces en música. Después de Predieri recor­damos, entre muchos, los melodramas de David Pérez (1711-1778), Turín, 1751; Ni- cola Sala (1713-1801), Nápoles, 1761; Nicola Piccinni (1728-1800), Nápoles, 1756; Johann Adolph Hasse (1699-1783), Viena, 1763; Vincenzo Federici (1764-1826), Londres, 1792; Francesco Bianchi (1752 – 1810), Londres, 1797 (v. también Radamisto y Zenobia).