Zadig, Voltaire

Un rico y sabio ba­bilonio, Zadig, está convencido de ser sumamente bue­no, apuesto y valiente, y por otra parte considera que esto debería garantizarle la libertad. Mas el amor única­mente le reserva desilusiones, el estudio de la naturaleza le ocasiona contratiempos con la justicia y la considera­ción pública le proporciona tan sólo efímeras satisfaccio­nes. El rey, al reparar en él, lo convierte durante cierto tiempo en su ministro, pero su amor por la reina Astarté lo obliga a huir. Al llegar a Egipto, se ve convertido en esclavo del mercader Stoc, el cual lo libera y lo nombra su consejero estimadísimo.

Zadig se ve obligado muy pronto a emprender una nueva huida: su buen sentido ra­cionalista lo ha llevado, en efecto, a combatir el fanatis­mo religioso. Convencido para entonces de que el desti­no le es profundamente hostil, Zadig se dirige a Babilo­nia. En el camino de regreso, encuentra a Astarté, con­vertida en esclava, que le cuenta cómo la revuelta popu­lar consiguió destronar al rey. La libera y toma parte en la lucha que debe designar al nuevo soberano. Victorio­so, no puede demostrar que ha llevado a cabo la hazaña, pues le ha sido robada la armadura que escondía la iden­tidad de los duelistas.

Zadig se siente desesperado y acu­sa al destino que lo persigue, cuando un ermitaño le re­vela el secreto de la felicidad: someterse a los designios de la Providencia. Zadig, entonces, se hace reconocer por sus compatriotas, se convierte en rey, toma por esposa a Astarté, y, finalmente, es feliz.