Un rico y sabio babilonio, Zadig, está convencido de ser sumamente bueno, apuesto y valiente, y por otra parte considera que esto debería garantizarle la libertad. Mas el amor únicamente le reserva desilusiones, el estudio de la naturaleza le ocasiona contratiempos con la justicia y la consideración pública le proporciona tan sólo efímeras satisfacciones. El rey, al reparar en él, lo convierte durante cierto tiempo en su ministro, pero su amor por la reina Astarté lo obliga a huir. Al llegar a Egipto, se ve convertido en esclavo del mercader Stoc, el cual lo libera y lo nombra su consejero estimadísimo.
Zadig se ve obligado muy pronto a emprender una nueva huida: su buen sentido racionalista lo ha llevado, en efecto, a combatir el fanatismo religioso. Convencido para entonces de que el destino le es profundamente hostil, Zadig se dirige a Babilonia. En el camino de regreso, encuentra a Astarté, convertida en esclava, que le cuenta cómo la revuelta popular consiguió destronar al rey. La libera y toma parte en la lucha que debe designar al nuevo soberano. Victorioso, no puede demostrar que ha llevado a cabo la hazaña, pues le ha sido robada la armadura que escondía la identidad de los duelistas.
Zadig se siente desesperado y acusa al destino que lo persigue, cuando un ermitaño le revela el secreto de la felicidad: someterse a los designios de la Providencia. Zadig, entonces, se hace reconocer por sus compatriotas, se convierte en rey, toma por esposa a Astarté, y, finalmente, es feliz.

