Yambos, Hipónax de Efeso

De la obra poética de Hipónax de Efeso (media­dos del siglo VI a. de C.) se conservan sólo unos 80 breves fragmentos, casi todos en yambos, que bastan, sin embargo, para que de ellos surja vivaz una figura de poeta pobre que vive en medio del pueblo bajo, cuyo lenguje colorido emplea, a menudo grosero y siempre expresivo, para lamentar su miseria o atacar a sus enemigos perso­nales.

El trímetro yámbico fue usado por él con una inversión final del ritmo que da al verso un movimiento como de cojera (de donde procede la denominación de trímetro yámbico «escazonte», esto es, cojo). Con este metro el poeta griego se lanza a fondo contra el dios de la riqueza, Plutón, que nunca se dignó concederle ningún favor (fr. 29), suplica confidencialmente a Her- mes que le procure una capa, o una túnica, o unos zapatos que abriguen, para no verse comido de sabañones (fr. 24-27); pide inso­lentemente limosna (fr. 42), se desahoga contra Búpalo, su mortal enemigo, en invec­tivas famosas por su vehemencia (por ejem­plo fr. 1; 6-11). Además, estos fragmentos, incluso cuando son poco significativos por su contenido, tienen valor en cuanto atesti­guan la entrada de la lengua plebeya en la literatura, acostumbrada al tono elevado de la dicción homérica.

Tal es también el va­lor de conjunto de Hipónax: es una especie de Arquíloco más vulgar que no se eleva por encima de la vida cotidiana y de los intereses personales, pero encuentra para la expresión de este pequeño mundo formas de una eficacia ejemplar.

A. Brambilla