Woyzeck, Georg Büchner

Drama o «balada trágica, en veinticinco escenas» del escritor alemán Georg Büchner (1813-1837), compuesto en 1836 y publicado por primera vez por K. E. Franzos en 1879.

El soldado Franz Woyzeck es un alma sencilla, un resignado, que en su ingenuo misticismo piensa en una bondad muy vaga e indistinta. Débil de espíritu y de carácter, no sabe rebelarse ni ante las malas tretas de la suerte, ni ante las de su prójimo. Hace muchos años que convive con una mujer, María, quien le ha dado un hijo; ella le engaña con todo el mundo, especial­mente con el cabo mayor, el guapo del regi­miento; Woyzeck lo sabe y no la abandona, calla y sufre en silencio. Su capitán se burla de él, el médico lo utiliza para sus experi­mentos, los compañeros le hacen crueles bur­las y Woyzeck no halla fuerzas para reac­cionar.

Su dolor madura lentamente hasta que se torna más fuerte que él. Un día que Woyzeck ve a María bailando con el cabo mayor siente nacer en sí la idea del delito. Desaparece durante unos días, y después, cuando vuelve a casa y halla a María sola con el niño y leyendo la Biblia, la invita a salir con él para dar un paseo a orillas del estanque. La luna se levanta, «siniestra como una espada tinta en sangre»; Woy­zeck cree recordar que en aquella noche se cumple el aniversario de su matrimonio; el dolor le hace hablar como enloquecido, y casi demente mata a aquella mujer de una cuchillada. Huye después a un prostíbulo donde alguien observa que aquel soldado tiene su brazo manchado de sangre; la idea del delito cometido le obsesiona ya; y Woy­zeck vuelve al estanque para quitarse aque­lla horrible mancha, hasta que el agua lo sumerge.

En la plaza del pueblo su niño está jugando con otros chiquillos, y cuando le dicen que su madre ha muerto no lo com­prende; cuando todos corren al estanque trágico él se queda solo y sigue jugando. Se cierne sobre todo el acontecimiento una fatalidad opresiva bajo cuyo predominio las criaturas humanas corren ciegamente al delito sin conseguir arrancar de sí el dolor que los impulsa, ni salir del vórtice que las arrastra. Esta obra, que por lo implacable de su trágica ironía y por el poder suges­tivo de su evocación poética, constituye uno de los ejemplos típicos del arte de Büchner, ejerció notable influjo en el teatro alemán de postguerra.

G. Noulian