Viejos Días Criollos, George Washington Cable

[Old Creóle Days]. Colección de siete novelas de am­biente criollo del escritor norteamericano George Washington Cable (1844-1925), pu­blicada en Nueva York en 1879. Todas están situadas en el ambiente de promiscuidad y mestizaje del estado de Luisiana, en los primeros decenios del siglo pasado.

Los criollos, los esclavos negros y mulatos, las familias de origen y en muchos casos tam­bién de lengua o de dialecto francés o espa­ñol, el cruce de mentalidades opuestas, de instintos, tradiciones y costumbres, las leyes o los hábitos sociales que crean barreras infranqueables entre seres de sangre di­versa, la crueldad, la ingenuidad, lo pinto­resco del ambiente: todo ello está tratado con optimismo bonachón, con estilo directo e impresionista, tratando de hacer jus­ticia a las buenas cualidades de cada tipo o de cada grupo. Es siempre el ojo de un americano del Norte el que ve o juzga; pero es un ojo agudo, a menudo serena­mente objetivo, lleno de curiosidad y de humana simpatía. La primera novela del volumen, «Madame Delphine», cuenta de una vieja criolla que, para asegurar el ma­trimonio de su hija con un blanco, niega u oculta su propia maternidad, fingiendo que es una simple tutora de la muchacha, y muere el mismo día de la boda, de dolor mezclado con alegría.

Es un cuadro un poco amanerado, pero bien dibujado, rico en situaciones, ambientes y caracteres; y en­cierra un motivo moral y polémico, dirigido contra las leyes y contra las costumbres que levantan barreras entre los blancos y los que tienen la más mínima huella de sangre de color; viejo motivo de la lite­ratura americana, porque representa uno de los más agudos problemas políticos y morales de aquel pueblo. Las restantes no­velas y bocetos, de un impresionismo más directo y despreocupado, obtienen a veces efectos artísticos todavía más seguros. Se ocupan poco más o menos de los mismos problemas, así por ejemplo «Tite Poulette», que cuenta la historia de una muchacha que siempre se había creído de sangre mez­clada, y que es, por el contrario, blanca, y por fin puede casarse con el holandés que la ama; o bien «Jean-Ah Poquelin», historia de un hombre que tiene escondido a su hermano menor, leproso, declarándolo muer­to, para no revelar la enfermedad, por lo que adquiere fama de fratricida y brujo.

No faltan las notas alegres y serenas, como en las narraciones: «Belles Demoiselles Plantation», «Posson Jone», «Café des exilés», «Madame Délicieuse», que, concluyendo de modo trágico, conservan sin embargo una nota, ya de una ligereza casi de fábula, ya de sátira o de truco. Las ciudades de Luisiana, con su folklore, con sus fondos francoespañoles y su pintoresco lenguaje criollo, son vivamente evocadas en estas novelas de manera eficaz y exacta, aunque estén en realidad un poco idealizadas por una luz romántica.

C. Pellizzi