Vida en el Mississippi, Mark Twain

[Life on the Mississippi]. Recuerdos autobiográficos y notas de viaje del escritor Mark Twain (pseudónimo de Samuel Langhorne Clemens, 1835-1910), publicados en 1875. Des­pués de una breve nota preliminar que define al gran río como el «cuerpo de la nación», siguen tres capítulos sobre su his­toria, sus exploradores y las antiguas cos­tumbres de la vida fluvial. Los diecisiete capítulos que siguen son decididamente autobiográficos.

El autor cuenta cómo en su infancia la máxima aspiración de un muchacho aventurero en su país de origen (el Missouri) era la de llegar a ser aprendiz de piloto de los barcos de ruedas, que repre­sentaban en aquel tiempo, anterior a los ferrocarriles, el medio principal de comu­nicación y de transporte a lo largo de una gran parte del inmenso río desde Nueva Orleáns a las frías zonas del Norte; cómo él realizó este sueño; las muchas experiencias que le siguieron, tristes o alegres, hasta la explosión de uno de estos barcos, en la que perdió la vida uno de los herma­nos del autor. Sigue un breve capítulo titu­lado «Una parte de mi biografía», en la que cuenta cómo, debido a la guerra civil, tuvo que abandonar la posición conquistada como piloto fluvial, y en los veintiún años siguientes se dedicó a las actividades más diversas, desde la de periodista a la de buscador de oro y plata, y por fin a la de «emborronador de libros» en Nueva Inglate­rra.

Decidió, entonces volver a visitar el río, siguiendo su curso, hasta Saint Paul y Minneapolis, en compañía de un poeta y de un taquígrafo. Lo restante del libro, o sea treinta y nueve capítulos de diversa exten­sión, da cuenta de las experiencias de este viaje, entremezcladas con recuerdos, narra­ciones, divagaciones y agradables invenciones de todo género. Ciertamente que no es éste uno de los libros más divertidos y caracte­rísticos de Twain, pero está también lleno de páginas felicísimas, tanto en la descrip­ción de hombres y de países como en la invención de extrañas y a menudo fantás­ticas aventuras. Todo él vibra de senti­miento optimista, vigoroso, completamente terreno, de una nación que se forma a tra­vés de un proceso extremadamente físico y económico. Como americano, el autor vibra de optimismo; sin que por eso deje de ser frío y casi cínico en la valoración de los hombres.

C. Pellizzi

Mark Twain debe todo su método y su forma al humor de los periodistas de su ju­ventud, y el contenido de su obra a la ob­servación directa y a su vida en medio del pueblo. (L. Lewisohn)