La Vida de la Condesa Sueca Von G., Christian Fürchtegott Geliert

[Das Leben der schwedischen Gräfin von G.]. Novela de Christian Fürchtegott Geliert (1715-1769), publicada en 1746. Ge­liert, al escribir a un amigo suyo una carta elogiosa a propósito de la Historia de Sir Carlos Grandison (v.), concluye diciendo que quiere pedirle a Richardson que «tenga a bien continuar felizmente su camino». Y al año siguiente se adentra también él por el mismo camino con esta primera novela alemana original de intención moral.

Su trama es intrincadísima. Una noble señorita se casa con un conde sueco, pero pronto se entera de que ya había tenido con Caro­lina, joven del pueblo, una hija, cuya suerte se ignora, y un hijo, Karlson. Entretanto, la virtuosa condesa resiste las promesas de amor del príncipe S., el cual se venga en el marido confiándole un puesto peligrosísimo en la guerra contra los rusos. El conde cae prisionero, pero se esparce la voz de que ha sido ajusticiado por alta traición y la Corona confisca los bienes de los here­deros. La condesa, reducida a la pobreza, encuentra salvación al lado de Carolina y termina casándose con R., el mejor amigo del difunto marido. Karlson la sigue, ca­sándose con Mariana, joven vagabunda y desconocida.

Pero de improviso se descu­bre que Mariana es la hermana de Karl­son: los dos, a pesar de esto, no hacen nada por romper el vínculo matrimonial y se aman cada día más apasionadamente, hasta que Karlson, despertándosele la conciencia, se horroriza del connubio inces­tuoso, y parte para la guerra, donde encuen­tra la muerte a manos de Dormund, un amigo enamorado de su mujer, que se pre­senta a ella ignorante de lo ocurrido y la persuade de que se casen; pero después descubre el engaño, la abandona, y ella se envenena. Por su parte, a la condesa, ahora ya anciana, se le presentan nuevos obstácu­los: el conde, su primer marido, vuelve a ella después de haber conseguido huir con la ayuda de un generoso judío. Esta última figura es la más interesante de la novela, en lo que tiene de precursora de Lessing en su campaña contra la intolerancia.

De regreso el conde, el amigo le cede la mujer y, habiendo recobrado los bienes confiscados, conviven todos juntos en buena armonía, incluida Carolina. En toda esta larga histo­ria los personajes aparecen como sombras movidas por sentimientos retóricos más que humanos, y el autor no tiene fuerza sufi­ciente para deshacer los enredados nudos en nombre de una aparente moral. No hay amor ni pasión; la única mujer real es Ma­riana, tan cruelmente probada. Sin embargo„ el libro destaca bastante como representa­tivo en Alemania de la novela sentimental creada por Richardson, el cual la hizo tra­ducir al inglés.

G. F. Ajroldi