Víctor o El Hijo del Bosque, René-Charles Guibert de Pixerecourt

[Víctor ou l’enfant de la forét]. Drama en tres actos del escritor francés René-Charles Guibert de Pixerecourt (1773-1844), estrenado en París en 1798. La acción se desarrolla en un castillo de Bohemia. Víctor, hallado cuando era un niñito en una cesta en los márgenes del bosque vecino y adoptado por el barón de Fitzierne, ama a Clementina, hija del barón, pero no sabe cómo mostrarle sus sen­timientos, porque — han crecido juntos.— la joven le tiene realmente por su hermano.

Finalmente él le revela su propio origen, su amor y su desesperación, porque teme que el barón no pueda consentir en su matri­monio. La Joven Clementina, asombrada por la doble revelación, manifiesta a Víctor su alegría, porque a su vez comprende poder amar como esposo al que antes amaba in­tensamente como hermano. Mientras los dos jóvenes se ponen de acuerdo para partici­par al barón sus sentimientos, se presenta en el castillo un hombre armado, con una carta de Roger, jefe de bandidos, que pide al barón la orden de que entregue dentro de veinticuatro horas a una señora — madame Mariana —, la cual, perdida en el bos­que, desde hace poco está con los Fitzierne. La misteriosa señora se niega a revelar su secreto a los señores de la casa y les su­plica que no la entreguen a los bandidos. El barón acepta protegerla y da orden a Víctor de preparar la defensa del castillo, prometiendo darle por esposa a su hija con la condición de que consiga descubrir el! origen de su nacimiento. Los bandidos asal­tan el castillo.

Víctor salva la vida del ba­rón, empeñado en lucha cuerpo a cuerpo con Roger, y está a punto de matar al bandido, cuando Mariana se arroja entre los dos contendientes y facilita a Roger la manera de huir con los suyos. Víctor queda perplejo y pregunta a la misteriosa señora el motivo de su intervención: la señora Mariana re­vela entonces que el bandido Roger es pa­dre de Víctor y que la madre de éste — muerta después, dolorida por las infamias de su marido — había sustraído el recién nacido al vil oficio paterno, confiándolo a ella; ella misma había dejado al pequeño en el margen del bosque, cerca del castillo de los Fitzierne, con la esperanza de que los dueños del castillo le salvarían. El ba­rón, conmovido por las súplicas de los no­vios, acaba por ceder: se casarán, pero Víc­tor deberá hacerse reconocer por su padre y le inducirá a abandonar la infame vida de bandido. Víctor, seguido sin saberlo por Clementina, disfrazada de hombre, se dirige al campamento de los bandidos, se revela a Roger, que durante muchos años había buscado en vano a su hijo, y consigue convencerlo de que abandone su triste ofi­cio.

Pero una imprevista alarma alborota el campamento, las tropas del rey lo cer­can para hacer estrago en los bandidos y Roger se ve obligado a defenderse y defen­der a los suyos: Víctor y Clementina, sor­prendidos con los bandidos, están a punto de ser muertos por los guardias del rey, pero el barón llega a tiempo y los salva. Roger, herido de muerte, expira después de haber pedido perdón a su hijo. En la abun­dante producción de Pixerecourt, que fue llamado el «Shakespeare y el Corneille de los bulevares», Víctor es uno de sus dramas más afortunados. Enfático y superficial, sin ninguna penetración psicológica en el des­arrollo de los personajes, con todo, como drama popular, sigue siendo ejemplar por sus efectos espectaculares, la composición de la máquina escénica y el juego de sus situaciones patéticas.

V. Orazi