Vía Láctea, Olavo Bilac

[Via Lactea]. Colección de poesías del brasileño Olavo Bilac (1865- 1918), publicada en 1888. Verdadero músico de la palabra, impecable parnasiano, y el máximo representante del parnasianismo en el Brasil con Oliveira y Correa, su poesía, cuidadosísima en cuanto al estilo, no posee calor ni exuberancia sensual o sentimental; prefiere, por el contrario, un procedimiento mental continuo que, sin enfriarla, la eleva y purifica.

Como todos los parnasianos, cul­tiva con preferencia el soneto, en el que en­cierra, ora con predominio de ironía suave­mente velada, ora con pleno abandono a una nostalgia de amor, siempre con precisa atención a los aspectos fugitivos de la vida, una gran variedad de temas, pero todos ri­cos de sustancia interior. Sus temas ofrecen a veces la señal de un pensar que madura lentamente hasta su completa iluminación: «Sentir las estrellas», «Vírgenes muertas», «En el camino de la vida», «Maldita seas», «Inania verba», «A Dante», etc. «La Vía Láctea», que da título a la colección, es la señal de la aspiración hacia la belleza perfecta, la catarsis estética, cuya casi hierática sublimidad no puede ser penetrada nunca por la efervescencia de la vida. He aquí la espera de la cita de amor: «Y el claro de luna me decía: Espera/quiero seguirte, yo también quiero besarla/en las mejillas, y el perfume murmuraba :/Ve, te acompaño».

Toda su poesía, sus motivos, sus tendencias están quintaesenciadas por este anhelo ha­cia lo inefable: «¿Quién dirá la cólera muda y la tácita desesperación?/¿y las palabras de una fe nunca expresada?/¿y los deseos de un amor que murió entre los labios?». En el soneto «A Dante» se propone condensar toda la esencia de la vida y de la poesía: «También más allá de la muerte/no hay más que una razón de ser y una alegría única: ¡sufrir!». Con Olavo Bilac, como con Ma­chado de Assis, la literatura brasileña ha traspasado dignamente los confines nacionales, y tiene en él su poeta más esencial e inmune de énfasis y de retóricas, aun cuando rico en bellezas formales y sobre todo purificado por un hálito profundo de cálida humanidad.

U. Gallo