Urania o de las estrellas, Gioviano Pontano

[Urania sive de stellis]. Poema didáctico de Giovanni, conocido por Gioviano Pontano (1426-1503), compuesto en hexámetros latinos en 1476- 1479, reelaborado sucesivamente hasta el año 1501 y publicado póstumamente en 1505. Está dividido en cinco libros, y en cuanto a la materia filosófica está basado en la Naturaleza de las cosas (v.) de Lucrecio y en los Astronómicos (v.) de Manilio.

El poeta proclama la importancia de la astro­nomía, desde el tiempo de la Creación a sus días; viene después una invocación a la musa Urania, tras la cual aborda el tema hablando de la posición y de los movimien­tos de los planetas y de su influjo sobre la Tierra (libro I). Son descritos los doce signos del Zodíaco, los otros astros con sus evoluciones y diversas influencias (libros II a IV). Sobre la Tierra, dividida en doce sectores en relación con el Zodíaco, son ob­servadas las influencias celestes, incluso a propósito de las guerras contemporáneas; en defensa de la astrología, se demuestra la sumisión de la sociedad y del individuo al poder, originariamente divino, de las di­versas estrellas. Esta idea, combatida por los defensores del libre albedrío y de la dignidad humana frente a las cosas, está apoyada sobre investigaciones particulares de Pontano.

La obra se distingue de las astrologías del Renacimiento por el aspecto particularmente artístico de los episodios que se incluyen en el tema; el autor, supe­rando algunos problemas de las diversas corrientes astrológicas, se entrega a las be­llezas naturales y las describe con vivaci­dad: mares, arroyos, árboles, llanuras solea­das, jardines en flor; así da a sus concep­ciones el esplendor de una poesía ornamen­tal. Varios episodios ofrecen posibilidad de descripciones amplias: no sólo en el mito de Hércules e Ilion, que cierra la obra con el recuerdo de la hija del poeta, muerta en su primera juventud y que ve en brazos de la Aurora (libro V), sino sobre todo en la Creación, cuando Dios, en medio de los sím­bolos de la naturaleza prosternados a sus pies — el Tiempo, la Fortuna, etc.—, ordena a los astros que influyan benignamente so­bre la Tierra (libro I). En algunos libros se representa la historia de la humanidad, las luchas de las diversas épocas y las artes suscitadas por la influencia de los planetas y de las constelaciones no comprendidas en el Zodiaco.

Para ilustración de estas partes se insertan numerosas fábulas, como la de Andrómeda, que fue luego imitada por Ariosto, con Olimpia y Angélica abandona­das en el escollo. La obra, prolija en sus intenciones doctrinales, pero rica de asun­tos narrativos, figura entre las más impor­tantes del Humanismo, porque acierta a unir la aspiración científica al encanto de una belleza exornativa. Típicamente inspirada en la idea que convierte a la poesía latina en un admirable ornamento para la verdad de la doctrina, fue pronto combatida por los filósofos naturalistas así como por la Iglesia, pero posteriormente se consideró como un repertorio de bellas fábulas: tanto que Folengo se sirvió de ellas para com­poner su Baldo (v.), que es una parodia rústica sobre la astrología.

C. Cordié