Urania, Alessandro Manzoni

Poema mitológico, de trescien­tos cincuenta y ocho endecasílabos blancos, de Alessandro Manzoni (1785-1873). Escrito entre 1806 y 1809, fue más tarde repudiado por el autor.

De gusto y de factura neo­clásicos, Urania se aproxima al Prometeo (v.) de Monti, entrando en el cuadro de los poemitas mitologicofilosóficos en que el gus­to neoclásico se funde con las tendencias científicas de la Ilustración, y del que es un ejemplo, en Italia, el Globo de Venus contenido en el primer tomo de las Prosas y Poesías (Venecia, 1739) de Antonio Conti (1677-1749). Con los términos de la fábula mitológica, Urania hace una defensa del valor y de la utilidad de la poesía contra la incomprensión del frío racionalismo de Des­cartes. En un certamen poético, Píndaro ha­bía sido vencido por la poetisa Corina, asis­tida por las Gracias, cuya ayuda él había olvidado suplicar. Dolido, el poeta anda errante y solitario por un bosque que se extiende por las laderas del sagrado monte Parnaso, donde para consolarlo se le apa­rece Urania, musa de las cosas celestiales, bajo la figura de Mirtide, maestra de Pín­daro.

Urania entona un hermoso canto, en que está contenida la esencia filosófica del poema. Para suavizar el feroz espíritu de los hombres primitivos el padre Júpiter había enviado sobre la tierra las Virtudes, pero sin resultado, pues éstas continuaban igno­radas y despreciadas por los humanos. En auxilio de las Virtudes bajaron entonces a la tierra las Musas, que inspiraron a los poemas, adiestrándolos en el sublime canto, mientras las Gracias enseñaban el arte del amor y la persuasión. Los hombres apren­dieron a conocer y amar a las Virtudes; y las Musas, cumplida su misión, se volvieron al cielo, del que bajan de cuando en cuando al mundo de los hombres para recordarles el antiguo beneficio y continuarlo.

El haber olvidado a las Gracias, compañeras insepa­rables de la Musas, fue causa de la derrota de Píndaro; hónrelas, y podrá vencer en Olimpia con su canto. Terminado el canto, Urania entrega la lira al poeta y desaparece en un resplandeciente nimbo de luz, mien­tras las cuerdas de la lira continúan reso­nando dulcemente, acordándose todavía «del dedo divino». En la fábula se esboza, pues, el concepto de la función espiritual y mo­ral de la belleza poética. El poema es un elegante ejercicio literario.

D. Mattalia