Un Mundo feliz, A. Huxley

La his­toria está ambientada en el futuro, en un mundo tan tecnificado que los años se cuentan, en vez desde el naci­miento de Cristo, desde el de Ford, el gigante de la in­dustria del motor. Estamos en el año 632 después de Ford. Una dictadura ha restaurado el orden en un mun­do convulsionado por las guerras. La estabilidad del sis­tema se halla asegurada por un riguroso control del nú­mero y del tipo de los ciudadanos, nacidos todos ellos en probeta.

El poder está en manos de los Diez Controla­dores, y el lema del estado es «Comunidad, Identidad y Estabilidad»; en una reserva son confinados, en cambio, todos aquellos ejemplares de individuos cuyas caracterís­ticas no se corresponden a las deseadas por los controla­dores. Aquí es donde Bernard Marx, un alto funcionario anticonformista, conoce a John, un individuo «diferen­te» cuando menos por haber nacido del seno de una mu­jer, y consigue sacarlo de la reserva.

Sin embargo el jo­ven, en un principio impresionado y fascinado por la so­ciedad creada por la Utopia, se va disgustando paulati­namente de ella y, a causa de haber provocado una re­belión, tiene que presentarse ante el Gran Controlador Mustafá Mind, quien le demuestra que la libertad resul­ta perjudicial para la felicidad. John se retira a un faro abandonado: pero en torno al faro se congrega una mul­titud que espía, curiosa y maliciosa, su «diferencialita». John no puede soportarlo, y se suicida.