[Un spectacle dans un fauteuil]. Obra compuesta de dos dramas en verso y un cuento.
En La copa y los labios [La coupe et les lévres] el cazador Frank abandona su Tirol y a la ingenua Deidamia que le ama, consumido por la ambición y por el deseo de una vida nueva. Se enriquece en el juego, obtiene el amor de la cortesana Belcolor; pero, insatisfecho, lo deja todo y se marcha a la guerra. Convertido en un glorioso capitán, Belcolor quiere apresarle de nuevo y él sueña en Deidamia. Se finge muerto, experimentando de este modo la volubilidad de los hombres que lo ensalzaban, dispuestos inmediatamente a despreciar su memoria, y la codicia de la cortesana que se deja seducir por los presentes de otro.
Vuelve a sus montañas, a la felicidad segura, a Deidamia que lo ha esperado; pero a su primer beso se presenta Belcolor que hiere a la jovencita. Es un poema dramático, ambicioso, concebido con amplitud, con coros y largas parrafadas, escasamente personal. Son frecuentes los ecos de Schiller, Byron y otros; sólo es mussetiana y sentida, la idea del vicio que agosta el alma y la vuelve incapaz de sanar.
En qué sueñan las muchachas [A quoi révent les jeunes filies] es por el contrario una comedia completamente original. El lugar de la acción se desarrolla «oü l’on voudra»: Ninon y Ninette sueñan en el amor y lo ven llegar, puesto que la segunda ha sido abrazada furtivamente por un brillante joven desconocido, y la otra oye una serenata bajo su ventana. Llega como invitado el joven Silvio, para casarse con una de las dos hermanas; con sendos billetitos ruega que le concedan una entrevista una y otra. Se confían la dulce ilusión y descubren que han sido engañadas por el mismo hombre. Este llega, envuelto en una capa y armado: de improviso se presenta el duque Laertes, padre de las jovencitas, con su sobrino Ir o, y las espadas se cruzan. Avergonzadas y creyéndose deshonradas, las dos jovencitas se confían mutuamente que están dispuestas a casarse con él, estúpido primo Iro, luego quieren hacerse monjas, o mejor vivir alejadas del mundo como pastoras.
Pero el abrazo furtivo, y la serenata eran obra del padre, que había tramado también el doble billetito y la escaramuza armada para crear un aura de novela alrededor de Silvio, pues a las jovencitas no les gusta recibir el esposo de manos del padre. Y puesto que el joven ha escogido a Ninon, se la da. Perfume de juventud, fantasía necesaria para hacer soportable la realidad, excelente cordura de viejos astutos, será el tema de los Noveleros (v.) de Rostand. Aquí, en Musset conserva su ingravidez etérea y suspirante: el poeta* nos muestra cómo será su teatro de amor, de fantasía y de ensueño, hecho realmente para ser paladeado en un sillón. Namouna, cuento oriental, es una larga divagación, a propósito de la cual el mismo autor recuerda el Don Juan (v.) de Byron. Vuelve con él la ciencia del amor, en un inacabable y voluble discurso sobre la historia de un francés que se hizo musulmán para cambiar de esposa y encuentra a una que quiere volver a él y le es vendida por segunda vez.
V. Lugli
El teatro en verso de Musset, no tiene importancia alguna dramática. En A quoi révent les jeunes filies hay algunos de los más hermosos versos que Musset escribió. Pero estos dos actos no pueden ser considerados más qué como un fragmento de poesía. La coupe et les lévres desarrolla durante cinco actos un soberbio poema de oratoria, algunas de cuyas invocaciones se han hecho famosas. El empuje de La coupe procede de los consabidos Bandidos (Thibaudet)

