Un Asunto Tenebroso, Honoré de Balzac

[Une ténébreuse affaire ]. Novela del gran escritor francés Honoré de Balzac (1799-1850), pu¬blicada en 1841 y recogida después en la Comedia humana (v.) —«Escenas de la vida política» —. Se basa en un hecho his¬tórico: el secuestro del senador Clément de Ris, a quien corresponde el personaje de Malin (conde de Gondreville). Malin, que conocía el secreto de una conjuración anti¬napoleónica, urdida por Fouché en el mo¬mento de la batalla de Marengo, es secues¬trado — por orden del ministro — por unos agentes enmascarados que deben registrar su casa y apoderarse de unas cartas. Son acusados de haber cometido el rapto los nobles legitimistas de las familias Simeuse y Hauteserre, y el administrador Michu, de¬voto de su señora, Laurence de Cinq-Cygne. Con la intriga política, exarcerbada por el resentimiento de Corentin (v.), agente de Fouché, contra Mademoiselle de Cinq-Cygne, alterna el tema pasional, ya que Laurence es amada por sus dos primos Simeuse y porAdrien de Hauteserre, que más tarde será su esposo. Con atrevido arrojo, Laurence se va al campamento de Jena, y en vísperas de la batalla, consigue de Napoleón el in¬dulto para sus primos; será víctima ino¬cente el fiel Michu. La novela construida, con una maestría admirable, en torno a un misterio de tipo policíaco que sólo se re¬suelve al final por medio de una conversa¬ción que se desarrolla, muchos años des¬pués, en el salón de la princesa de Cadignan, es una de las creaciones típicas del Balzac novelista. Pero, además de el inte¬rés de la narración en sí, hay que desta¬car la creación del carácter de Laurence, vibrante de orgullo y, al mismo tiempo, de pura y alta pasión amorosa. [Trad. española de Joaquín García Bravo (Barcelona, 1903); de Juan Guixé (Madrid, 1921) y de Pedro Vanees (Madrid, s. a.)].

F. Neri

Mil veces me ha dejado perplejo el hecho de que la gloria de Balzac derive de ser considerado un observador; siempre me ha parecido que su mérito fundamental era ser un visionario, y un visionario apasionado. Todos sus personajes están dotados del ar¬dor vital del que él mismo estaba anima¬do. Todas sus invenciones están tan fuer-temente coloreadas como los sueños. (Baudelaire)