Un Americano en París, George Gershwin

[An American in Paris]. Cuando el autor aún no había precisado a qué género adscribiría su obra, parece que alguien le indujo a clasificarla entre los «poemas» sinfónicos. Un Americano en París fue concebido por George Gershwin (1898-1937) a raíz de un corto viaje a Francia en su juventud, y realizado, en 1928, en un segundo viaje más prolongado que el anterior, durante su permanencia en París, adonde había ido para empaparse del ambiente de la capital. Poco hacía que París había aplaudido su Rhapsody in blue (v.) y su Concerto en fa, y dispensó una calurosa acogida a Ger­shwin, haciéndole su estancia sumamente agradable y poniéndole en relación con compositores como Darius Milhaud, Francis Poulenc, Igor Stravinsky, Maurice Ravel, Serge Prokofiev, etc…. por entonces residentes en la ciudad. En Un Americano en París, George Gershwin nos habla de sus paseos por el París próspero y son­riente de la época entre las dos grandes guerras. No se trata, propiamente hablan­do, de música descriptiva o imitativa, aun­que el autor no desdeñe dejarse llevar por cierto pintoresquismo, que liga esta parti­tura a la «música de programa». El argu­mento, del mismo compositor, nos presenta a un joven y vivaz americano saliendo del Claridge para descender silbando por los Campos Elíseos (l.er tema de paseo): animación, ruidos callejeros, la riada de taxis, sorpresa ante los bocinazos de los autos —los coches neoyorquinos sólo usan claxons—; de una cervecería llega a sus oídos los sones de una «matchiche».

El pa­seante se dirige ahora al Grand Palais (2.° tema de paseo que dialoga con el pri­mero). Henos aquí cruzando el Sena: un tercer tema evoca el paseo por los barrios de la margen izquierda. Parada en la te­rraza de un café. Una frase de violín pro­longada y sentimental hace brotar en la memoria del joven americano el recuerdo de la novia lejana y la amarga melancolía se infiltra en su ánimo. Negros pensamien­tos, añoranza del país, que evoca un gran «blue». Se interrumpe súbitamente éste por una llamada de las trompetas y surge otro joven americano. La conversación de am­bos compatriotas da lugar a un trepidante «charleston» evocador del país natal y en el cual se deslizan algunos compases de «Over there». La tristeza se esfuma: un gozoso y ágil final nos muestra a los dos amigos dirigiéndose a Montmartre, dispuestos a sabo­rear sin preocupaciones los inextinguibles encantos de la capital. La orquestación es del propio Gershwin y en ella interviene destacadamente la batería, así como cuatro bocinas de auto adquiridas por el autor en un establecimiento situado en la avenida de la Grand’Armée. La primera audición de la obra se dió en el Carnegie Hall de Nueva York, bajo la dirección de Walter Damrosh, el 13 de diciembre de 1928, dentro de un concierto clásico, entre Franck y Wagner. Después la dirigió con frecuencia Toscanini.