Tiempo de silencio, Luis Martín-Santos

Pedro, personaje desarraigado, necesita cierto tipo de ratones para proseguir sus investigaciones sobre el cáncer, Amador, mozo de laboratorio, le conduce a una chabola donde el Muecas, que vive con su esposa y dos hijas, los cría. Pedro queda impresionado por la po­breza del suburbio y la miseria de sus habitantes.

Ese am­biente contrasta con el de clase media representado por el mundo de su patrona, empeñada en casarle con su nie­ta Dorita, pero mucho más con el de su amigo Matías, miembro de la alta burguesía, que le introduce en los sa­lones literarios y con quien comparte sus salidas noctur­nas y estancias en sórdidos prostíbulos. El Muecas bus­cará a Pedro para que éste intente salvar la vida de su hija Florita, que posiblemente embarazada de su padre, ha sido sometida a un aborto provocado.

Pedro la verá morir sin llegar a intervenir, pero será involucrado en el aborto. Perseguido por la policía acabará siendo deteni­do. Probada su inocencia saldrá en libertad, pero debido al escándalo pierde su trabajo de investigador. Cartucho, maleante enamorado de Florita, cree que Pedro es el res­ponsable de su muerte. Es por eso que asesinará a Dori­ta, con quien Pedro ha acabado comprometiéndose. La importancia del relato no reside en la novedad del asun­to novelesco, sino en el tratamiento formal y la intencio­nalidad crítica.