Tartarin en los Alpes, Alphonse Daudet

[Tartarin sur les Alpes] publicóse en 1885. La figura de Tartarín, acompañada de algunos de sus com­patriotas, aparece, en este libro, trasladada sobre el fondo de la Suiza de los turistas y alpinistas, de la que Daudet traza una diver­tida imagen caricaturesca.

Acechado por la envidia en su tierra, pese a la fama de sus pasadas hazañas, y amenazado en su puesto de Presidente del «Club des Alpilles», el gran hombre de Tarascón decide nada menos que escalar el Mont Blanc para aplastar así irre­misiblemente a sus rivales calumniadores. Para entrenarse, comienza a hacer algunas ascensiones en Suiza. El viaje por Suiza se realiza según los acostumbrados programas turísticos no sin cómicos incidentes, en la obligada compañía de cierto número de extraños tipos de viajeros de todos los paí­ses de Europa. También aquí nuestro héroe es víctima del amor: por Sonia, una delicada rubita rusa, que resulta ser una peligrosí­sima revolucionaria nihilista, expulsada de Rusia junto con sus compañeros y perse­guida por la policía. Metido en este peli­groso ambiente, aterrado pero encantado, el buen Tartarín acaba por oír de labios de Sonia que será su esclava si él se aviene a asesinar al zar.

El infeliz es sacado del em­brollo gracias a la llegada de tres fieles ad­miradores y amigos suyos de Tarascón, que le traen la bandera del club y le exhortan a cumplir con su deber. Así emprende, con ánimo esforzado, entre otras hazañas, la as­censión a la Jungfrau. Conviene recordar que un tal Bompard, compatriota suyo, que Tartarín encuentra allí en función de guía turístico, le ha dado a entender que Suiza no es más que una inmensa empresa organizada de cara al forastero, la cual se ha ingeniado para hacer que las montañas más peligrosas resultasen inofensivas, acolchando el fondo de las grietas, situando secretamente por to­das partes empleados que vigilan los movi­mientos de los viajeros, etc. Pero cuando Tartarín se dispone a llevar a cabo su últi­ma hazaña, la ascensión al Mont Blanc, y quiere llevarse consigo a su amigo Bom­pard, éste le revela toda la verdad y se muestra aterrorizado. A pesar de todo, el héroe afronta la expedición arrastrando con­sigo a su despavorido amigo. El resultado es desastroso: los dos, después de quedar solos, se extravían en la tormenta, en las proximidades de la cumbre.

Debido a un equívoco tragicómico cada cual corta por su lado la cuerda que lo mantiene unido al compañero, y se salvan milagrosamente, des­cendiendo Bompard por el lado de Francia y Tartarín por el de Italia. Cada cual cree que para salvarse ha abandonado a su com­pañero a la muerte. Pero se encuentran en Tarascón, donde su férvida fantasía no halla dificultad alguna para explicar del modo más honroso el equívoco. Este segundo libro no es muy inferior al primero, y hasta para algunos resulta más variado e interesante. En él, el Daudet provenzal y provinciano ha cedido en parte el puesto al Daudet pari­siense: en la parodia de la manía turística y alpinista, en la sátira de la Suiza hotelera, en la historia de Sonia y de sus rusos se manifiesta plenamente el arte del irónico Daudet: ingenioso y vivaz, si bien superfi­cial, evocador de la vida mundana de su tiempo, psicólogo sin complicaciones, pero preciso y lleno de vitalidad. [Trad. caste­llana de E. Blasco (Madrid, 1948) y catalana de Santiago Rusiñol (Barcelona, 1946)].

M. Bonfantini