Tartarín de Tarascón, Alphonse Daudet

[Aventures prodigieuses de Tartarin de Tarascon]. Es el más famoso libro de Alphonse Daudet (1840- 1897), salido a luz en 1872, en el que creó el tipo del meridional hiperbólico y jactan­cioso, mitómano y hasta embustero por ex­ceso de fantasía, pronto a afrontar las más audaces aventuras pero quedando siempre aferrado a una plácida cordura un poco es­céptica y desgarbada: tipo que cuadra con la imagen legendaria del Mediodía francés, país de buena gente con el cerebro en ebu­llición a causa del gran sol de Provenza, amiga de gastar bromas, pero también muy propensa a tragarse las historias más inve­rosímiles.

Pequeño burgués de la minúscula ciudad de Tarascón, hombre principal, rico y satisfecho, fogoso y robusto, con cierta tendencia a la obesidad, Tartarin (v.) vive feliz en su casita llena de armas exóticas, con un pequeño jardín adornado con la cé­lebre planta del baobab (no más alta de un metro), deleitándose en la lectura de las novelas de Cooper, y soñando en las más extraordinarias aventuras de tierra y mar. Sin embargo, su fama sólo descansa en rela­tos más o menos fabulosos (a fuerza de aca­riciar un cierto proyecto de trasladarse a Shangai, ha llegado a narrar con la mejor buena fe episodios de su estancia allí, y los ataques de los bandidos chinos). Pero al final se decide: gran cazador como todos los tarasconeses (los cuales, no obstante, debido a la absoluta falta de caza se ven reducidos a tener que disparar contra sus gorras lan­zadas al aire), irá a la caza del león en África. Parte, pues, cargado con un grotesco y espantoso equipaje, vestido completamente de musulmán.

En Argelia no encuentra más que desengaños: ¡país demasiado civilizado! Quisiera penetrar en el interior, pero, de corazón tierno, cae en los lazos que le tiende una hermosa mujerzuela árabe, de la que se libra tras muchos esfuerzos, y de un falso príncipe que acabará robándole. Puesto de nuevo en busca de leones, consigue por fin matar, con su infalible fusil, un pobre y viejo león ciego que un mendigo llevaba consigo para mostrarlo por las calles; y el caso tiene enojosas consecuencias judiciales. Pero entre tanto la piel del león con los dos agujeros de las balas en la cabeza «sobre cada ojo», ha llegado a Tarascón donde ha producido miríficos resultados. De modo que a su regreso, algo afligido, a su patria, se­guido de un camello que se ha encariñado con él y del que nunca ha logrado librarse, su ciudad lo recibe como a un vencedor: su fama de explorador queda para siempre ci­mentada. Seguido, quizás por el gran éxito alcanzado, de Tartarin en los Alpes y de Port-Tarascón, este primer libro es induda­blemente el más original, aun cuando el segundo resulta más variado.

Nervioso y vi­vaz, animado de un extremo a otro por la alegre fantasía y el colorido y chispeante estilo del mejor Daudet, esta obra revela toda la conmovida ternura del autor para con su gente y su país. [Trad. castellana de Felipe Villaverde (Madrid, 1920) y catala­na de Santiago Rusiñol (Barcelona, 1922)].

M. Bonfantini