Tal Cual, Paul Valéry

 [Quel tel] Obra en dos volúmenes de Paul Valéry (1868-1945), publicada en 1941. Esta colección se propone reunir sobre todo fragmentos del diario íntimo, publicados ya en muchos folletos: Tomo I: Cosas muertas [Choses tues, 1930], Moralidades [Moralités, 1932], Cuaderno B 1910 [Cahier B 1910, 1924], Literatura [Littérature, 1929]; Tomo II: Analecta (1926), Rumbos [Rhumbs, 1929], Otros rumbos [Autres rhumbs, 1927].

Todas estas reflexiones, agrupadas sin orden, a propósito de las cuestiones más diversas, están extraídas de los cuadernos compuestos por Valéry de 1890 a 1925; el autor las dio a conocer así, «tal cual», sin corregirlas, y con frecuencia no dejan de entrañar alguna oscuridad. Y sin embargo, estos «incidentes del espíritu», estas «sorpresas de la atención» – ideas vertidas como por azar sobre el papel siguiendo el hilo del pensamiento -, maravillan por su forma particularmente acabada: donde sólo se esperaba encontrar esbozos se hallan verdaderas conclusiones. Todo irradia aquí verdad universal; el autor evita rigurosamente la menor confesión Es así que sólo con tan impropiedad se puede hablar de un diario íntimo.

Pero Tal cual no es tampoco un diario metafísico: libro de razonamientos de un artista preocupado sólo, a pesar del inmenso campo de su curiosidad, por la verdad moral y la técnica estética. Algunos temas se dibujan en este caos; y  el primero será, naturalmente, el intelectualismo de Valéry. El escritor insiste aquí en las dependencias, los límites del espíritu, enraizado en la materia, «ligado a un cuerpo, a un campo, a un nombre, a los nervios, a los intereses» (Moralidades). Acaso nuestros pensamientos no tienen ningún valor universal: guardan el de ser la expresión de nosotros mismos, uno de los medios del individuo: «Falta a la crítica, que los destruye fácilmente, el conocimiento de las necesidades y delas inclinaciones del individuo… Se critica un utensilio, sin saber que sirve a un hombre, a quien le falta un dedo o que tiene seis». <mas es eso lo que hace al hombre hondamente invisible a sí mismo. El «Cogito» cartesiano, la identificación del ser y del pensamiento, no es otra cosa que un bello sueño irrealizable, «la traducción de un intraducible estado». «A veces pienso, a veces soy», responde Valery a Descartes, y esta ausencia del pensamiento hace nacer el asombro de la nada, sugiriendo que las potencias de nuestro espíritu podría no ser otra cosa en nosotros que «como bienes exteriores, armas añadidas y adornos que se destacan…».

Con estas notas sobre el problema del conocimiento, los extractos referentes a la literatura y la poesía son lo más inte­resante de la colección. El hombre Valéry puede alejarse voluntariamente de la vida, él sabe que a la vida está ligada la poesía (como el espíritu): ¿qué otro sentido podría tener la poesía sino restituir por el len­guaje la realidad de la existencia? «La poesía es el intento de representar, o de restituir, por medio del lenguaje articulado, lo que intentan oscuramente expresar los gritos, las lágrimas, las caricias, los beses, los suspiros, etc.» Así el poema, debiendo traducir esa realidad total que el senti­miento lleva en sí sin poderla decir, está «siempre inacabado». Porque da la vida en el lenguaje, la poesía es indefinible: «La po­tencia de los versos tiende hacia una armo­nía indefinible entre lo que dicen y lo que son. Indefinible entra en la definición. Esta armonía no debe ser definible. Cuando lo es, es la armonía imitativa». Indefinible no significa, por otra parte, culto de la singu­laridad.

Este es el reproche que Valéry dirige al Romanticismo; en lo que le con­cierne mantiene la importancia del magis­terio, pues es preciso «dominar los medios del arte en lugar de ser dominado». «Entre clásico y romántico, la diferencia es bien simple, es la misma que impone un oficio entre aquel que lo ignora y aquel que lo ha aprendido. Un romántico que ha apren­dido su arte se transforma en un clásico» (Literatura). El gran interés de este libro de fragmentos, como en Miscelánea (v.) y Malos pensamientos (v.), se halla en que nos muestra el pensamiento de Valéry en su elaboración y cómo, en algún estado de reflexión, el escritor no tolera en sí la menor ligereza, la menor confusión. Sobre todo se encuentra aquí la labor preparatoria de las grandes obras, que comprende toda la vida secreta de Valéry: éste, que fue siempre ante todo un artista, no intentó en absoluto edificar un sistema riguroso, sino experimentar un método acorde con lo real. Y así, todas estas reflexiones están exentas del menor engaño. El único lujo de este pensamiento exacto radica en que se hace siempre acompañar del orden y de la música.