Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, Andrés Bello

Obra poética de Andrés Bello (1781-1865). Pese al tiempo y a los muchos cambios que ha experimentado la poesía de habla española en este siglo, el gran poema de Andrés Bello, Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, publicado por su autor en Londres, hacia el año de 1823, sigue despertando entre los públicos cultos de América y Europa la admiración que empezó a tributársele no bien el sabio poeta venezolano diera a conocer esta mag­nífica obra suya. Tan perdurable vivencia del poema de Bello se explica no sólo por la belleza de sus estrofas — algunas de las cuales pueden compararse con las más pul­cras de la poesía del Siglo de Oro espa­ñol—, sino también porque, en su significa­do, hubo algo de profético para toda la lírica americana.

En una época en que la mayoría de los poetas del Continente — in­cluso los más cultos y capacitados — des­deñaban por completo el paisaje y las gran­des realidades históricas de Sudamérica, Bello, con una intuición asombrosa, dedica su mejor canto a la flora de este suelo, en una llamada poética que por largo tiempo iría a resonar en los enormes ámbitos del mundo americano. Y éste es su mérito in­mortal. Con la Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida nace la gran poesía lírica de las naciones americanas. Una poesía que ya no vuelve los ojos a Europa en busca de motivos inspiradores, sino que se aden­tra, majestuosa y vital, en la más pura substancia del vasto universo de América. Todo en la Silva de Bello conduce a la exaltación de esta realidad que tan insen­sibles dejara a los poetas del pasado siglo. Una realidad donde se confunden tumul­tuosamente los hombres del heroico mes­tizaje y la inmensa visión de una natura­leza mágica y desbordante.

A partir de la hora en que se concibe, se escribe y se publica el poema de Bello, la poesía ame­ricana encontrará por fin su verdadera ex­presión y la ruta más natural que luego habrían de seguir sus futuros cantores. En el proyecto original de Bello, este canto debía ser apenas uno de los fragmentos de una gran epopeya americana que el poeta no pudo terminar, debido a múltiples fac­tores que impidieron su realización. Mas, pese a todo, la Silva a la Agricultura de la Zona Tórrida, por la gran riqueza de sus imágenes, por la unidad de fondo y de forma que encierra, por éstas y otras cualidades no menos valiosas, ha logrado ya la consagración definitiva que merecen las más puras obras de la lírica universal. Y ciertamente de este modo habrá de juzgarse siempre.

A. Lameda