Sagoromo Monogatari, Dainino-Sammi

[Historia del general Sagoromo]. Obra de la literatura narrativa japonesa, en cuatro volúmenes, atribuida a Dainino-Sammi, hija de Murasaki-no-Shikibu, autora del Genji Monogatari (v.).

Fue escrita hacia mediados del siglo XI, y la acción descrita en ella tiene lugar íntegramente en el ambiente de la corte imperial japonesa. El general Sago­romo, nieto predilecto del emperador, a los dieciocho años goza de notable fama por su belleza, habilidad e inteligencia, y su vida parece transcurrir feliz. Pero la rea­lidad es bien distinta. En su intimidad está triste y desconsolado, porque se ha enamo­rado, sin atreverse a revelarlo, de su be­llísima prima, la princesa Genji-no-miya. Una vez impidió el rapto de la princesa Asukai; y los dos se sintieron dominados por una súbita pasión, cuya consecuencia fue el nacimiento de una niña. Tiene otra niña de la segundogénita del emperador, y siempre enamorado de su prima, no se decide a casarse con ninguna de las dos mujeres, a pesar del afecto que por ellas siente, y sus días transcurren melancólicamente. Por su parte, la princesa Asukai se ve obliga­da a casarse con un alto funcionario de la corte. Pero durante el viaje hacia Chikushi (hoy Kyüshü), comprendiendo que no puede olvidar al general, se arroja al mar.

Salvada, se hace monja y muere. Con el corazón triste y atormentado vive Sagoromo, porque la princesa Genji lo trata siempre fríamente y se hace jefe de las sacerdotisas del templo sintoísta de Kamo. En vano el general, con sus frecuentes vi­sitas, trata de expresarle su pasión; no lo­gra tampoco reanudar sus vínculos con la segundogénita del emperador, ahora monja. Entonces se decide también él a hacerse religioso, pero su padre se le aparece en sueños prohibiéndoselo, y el general se casa con la hermana del primer ministro. En­tretanto, obedeciendo a un oráculo de la diosa fundadora del Japón, Amaterasu, el emperador abdica en favor de su nieto Sagoromo, terminando con ello la narración. El Sagoromo Monogatari lleva la impron­ta de un verdadero genio creador y no carece de méritos, tales un cierto amor al orden y la notable riqueza de acción, sobre todo comparado con el Genji Monogatari, su evidente modelo; pero su autora cae a ve­ces en el defecto común a todos los escri­tores del fin de la era Heian (791-1186), cuyo crudo sensualismo en las descripciones es una de las manifestaciones de la deca­dencia general de la época. Es vivísimo en la novela, del que forma, por decirlo así, la osamenta psicológica, el contraste entre el dolor y la tristeza que consumen el áni­mo de los personajes y la pompa y el lujo de que están rodeadas sus vidas, aparente­mente felices.

Y. Kawamura