Saga De Fridhthjóf

[Fridhthjóf ssaga]. Saga novelesca (v. Saga) compuesta por un autor desconocido entre los siglos XIII y XIV, en una prosa eficazmente vivi­ficada aquí y allá, según antigua costumbre, con estrofas al estilo de los Edda. Fridhthjóf, hijo de Thorstein, vive en compañía de numerosos guerreros en su propiedad de Framme; hábil en todos los juegos atlé­ticos, versado en las artes, a pesar de su juventud, es el poderoso vasallo de los dos jóvenes reyes, Helge y Halfdan, en nombre de los cuales gobierna una parte de las tierras de Sogn.

Con todo, ellos, que no son ricos como Fridhthjóf, ni poseen sus cualidades, ven con ojeriza el favor de que goza y el lujo de su corte. Fridhthjóf ama, y es correspondido por ella, a su joven hermana de leche, la bella Ingeborg, her­mana de Helge y Halfdan, y la pide por esposa. Los dos reyes rechazan con des­precio la petición de su vasallo y Fridhthjóf rompe su amistad con ellos. Pero el rey Ring, en Ringerike, viendo ahora en ellos una fácil presa, les pide el tributo que le deben amenazándolos con la guerra en caso de negativa. Helge y Halfdan aceptan la guerra, y, antes de partir, mandan a Ingeborg, con ocho damas de séquito, a Baldershage, lugar sagrado, situado en las orillas opuestas del fiordo; allí hombres y mujeres han de vivir separados; las danzas y fiestas están consideradas como sacrilegio. Pero apenas han partido los reyes, Fridhth­jóf desembarca en Baldershage, con ocho hombres de su séquito, desafiando a los hombres y a los dioses. Durante todo el tiempo en que los reyes están ausentes, no cesan en Baldershagen las danzas y las fies­tas. En Ringerike el rey Ring recibe al pequeño ejército de Helge y Halfdan con tan gran número de guerreros bien arma­dos, que los dos hermanos, asustados, piden la paz. El rey consiente, pero pide en com­pensación a Ingeborg por esposa. Cuando a su regreso los jóvenes reyes se enteran del ultraje cometido por Fridhthjóf en el lugar sagrado de Baldr, deciden su perdi­ción.

Lo mandan, pues, con su soberbia nave «Elida» a las Oreadas a cobrar el tributo que les deben, saquean durante su ausencia su propiedad y, sirviéndose de los hechiceros Heid y Hamglaana, revuelven las aguas del mar donde Fridhthjóf navega. Mas Fridhthjóf mata a las brujas, las olas dota, tendían a ser relatos de hechos real­mente sucedidos y como historia verda­dera eran escuchadas. El valor documental de las sagas «históricas» es grandísimo: re­flejan los sentimientos, las costumbres, el ambiente y la vida cotidiana de aquellos antiguos pueblos nórdicos con una riqueza de pormenores, como los tenemos sólo de pocas sociedades de tiempos remotos. Pero la saga debe ser considerada no solamente como documento, sino en las obras mejores del género, y dentro de los límites conce­didos a una obra anecdótica, como trabajo de creación literaria. Es más, la saga nació cuando, tal vez ya en el siglo X, el relato toscamente cronístico fue elevado a narra­ción de arte. Esto ocurrió en Islandia, don­de la cultura y la vida heroica alcanzaban gran florecimiento. Tradiciones irlandesas probablemente tuvieron en ellas alguna in­fluencia, ya como ejemplo del arte de re­citar relatos en prosa, ya por el pormenor estilístico de variar la prosa para dar ma­yor realce a los puntos culminantes me­diante los versos.

La saga nació en el mo­mento más feliz de la civilización y la literatura islandesas, de una viva curiosi­dad por el pasado dirigida a rememorar hechos y hombres por algún motivo in­signes. Primero, esta curiosidad se dirigió a los islandeses que vivieron en los si­glos X-XI (930-1030) tras la constitución de la asamblea general o Allthing, y que bien se puede decir que señalaron el fin del período colonial, y luego se extendió, naturalmente, a los personajes principales de la antigua madre patria, con la cual hubo siempre estrechos vínculos: los reyes de Noruega («sagas de los reyes» [«Konungasogur»]). Finalmente se procedió a na­rrar, en forma de saga, historias de an­tiguos vikingos, cuentos fabulosos, hechos heroicos sacados de leyendas y antiguos poemas épicos. De este modo, lo anecdótico, en cuya esfera nace la saga auténtica, cede a lo legendario; las noticias comprobadas, aunque a veces coloreadas por el arte del narrador, dejaron su lugar a lo maravillo­so. Estas sagas novelescas, que trasladan sus hechos y personajes a un mundo re­moto de por sí, inaccesible a toda com­probación crítica, fueron llamadas «del tiempo antiguo» [«Fornaldarsógur»].

La di­solución de la saga, el paso completo de lo anecdótico a lo novelesco, se cumplió definitivamente cuando, en el siglo XIII, fueron traducidas con el ropaje ya pura­mente exterior de la saga las obras más famosas de la literatura francesa, sobre todo cortesana: el Tristán de Thomas (v. Tristán e Isolda); Erec (v.); Ivain (v.); Perceval (v.) de Chrétien de Troyes; los Lais de María de Francia (v.). Las sagas islandesas más notables son: la Saga de Egill (v.); Saga de los habitantes del va­lle del Río de los Salmones (v.); de los habitantes de Eyr [Eyrbyggjasaga]; Njál [Njálssaga] y, después, de Grettir [Grettissaga]\ de los escaldos Gunnlaug [Gunnlaugssaga], Bj0m [B jamar saga], Kormák [Kormákssaga], Hallfred [Hallfredharsaga]. Otras sagas tienen por objeto muertes por incen­dio, sangrientas venganzas, la vida de los desterrados; y así reflejan las fieras cos­tumbres de una sociedad primitiva. Otras, en fin, contienen memorias de interés vario, y entre ellas ocupa un lugar aparte la Saga de Eirik, el navegante que, en 985, partió de Islandia, descubrió Groenlandia y se estableció en ella, mientras su hijo Leifr, en un viaje de Noruega a Groenlandia, des­embarcó en una tierra desconocida donde crecían el trigo y la vida silvestre, y que él llamó Vinland: era la costa americana.

Las sagas, más tarde (como la Sturlungasaga, las sagas episcopales o «Biskupasógur», la Saga del Cristianismo, v.), son meras cró­nicas. Carácter más cronístico que las «is­landesas» tienen las sagas de los reyes de Noruega, como se ve por las colecciones de la Morkinskinna (v.) y de la Fagrskinna (v.) y también por la obra maestra del género, las sagas reales o Heimskringla (v.) de Snovi Sturlnson. Entre las sagas nove­lescas merecen especial mención la Saga de los Volsungos (v.), la Hervararsaga, la Saga de Fridhthjóf (v.). Particular impor­tancia, por las leyendas que nos ha conser­vado, tiene la Saga de Teodorico (v.), com­puesta hacia mediados del siglo XIII.

V. Santoli