Ruodlieb

Poema latino compuesto en la segunda mitad del siglo XI por un monje benedictino desconocido, probablemente de origen aristocrático, de la abadía de Tegernsee en Baviera, en hexámetros leoninos. La obra nos ha sido conservada en dos manus­critos fragmentarios, el primero de los cua­les, que está en la Biblioteca del Estado de Munich, es el autógrafo del autor corre­gido por él mismo en muchos puntos.

Su argumento es probablemente libre invención del poeta, que ha sabido fundir en original síntesis, con fondo realista, los diversos ele­mentos sacados de sus fuentes. El protago­nista, Ruodlieb (v.), que encarna el nuevo tipo ideal del perfecto caballero, abandona a su madre para ir en busca de la gloria de las armas. Entra al servicio de un rey y con su valentía consigue hacerle pactar una paz ventajosa con un rey vecino, de manera que se granjea el pleno favor de su sobe­rano. Interrogado por éste de si como re­compensa prefiere ricos dones o máximas de sabiduría, él escoge estas últimas. El rey le enseña doce reglas de sabiduría y ade­más le da dos panes, uno lleno de monedas bizantinas y otro de joyas. Al regresar a casa de su madre ya por el camino ha de comprobar la verdad de la primera regla, esto es, que no se fíe de las personas de pelo rojo, porque son iracundas e infieles. Con la figura del Rojo, ciego y cínico es­clavo de las pasiones, el cual, acompañándose de Ruodlieb, acaba por comprometerlo, contrasta la noble figura de su víctima, la adúltera penitente, en que el espíritu de la época de Cluny se expresa con trágicos acentos. Al llegar a su casa, Roudlieb finge desobedecer la séptima regla, que le impone escuchar siempre a su madre y, contra el parecer de ella, manda a pedir por esposa a una joven.

Él, sin embargo, también en­vía a ésta regalos que revelan claramente su verdadera intención, que no es la de pedirla por esposa, sino de reprenderla por su vida liviana. Entonces su madre procura con obras de caridad obtener de Dios una buena esposa para su hijo. En la última parte del poema, se pasa de la realidad al reinó de la fábula. Ruodlieb hace prisionero a un enano, y luego lo deja libre con la condición de que le procure los tesoros del rey Immun y la mano de su hija, la bella Heriburg. Al llegar aquí se interrumpe el poema. Como se ve, la narración está li­gada, como sucede en las novelas orienta­les, con las doce reglas de la sabiduría, de las cuales sólo tres se demuestran verdade­ras en la parte de la narración que ha lle­gado hasta nosotros. Probablemente el poe­ma entero debía comprender igual compro­bación de las nueve restantes. Sea como fuere, la obra está concebida como espejo de la vida humana, en el cual, por primera vez en alemania, todos los multiformes as­pectos de la sociedad medieval están ilumi­nados al vivo por un artista inteligente: «el primer gran realista», como lo define Hermann Schneider, «de la literatura ale­mana».

M. Pensa