[Rime e ritmi]. Colección de poesías de Giosue Carducci (1835-1907), publicada en 1899 e incluida en el volumen completo de Poesías, de las que forman el último libro.
Es la obra del crepúsculo, no carente de motivos de grandiosa y solemne poesía; allí se refleja el drama de la vejez de Carducci, la conciencia de que se extingue ya la fresca y potente facultad creadora, reflejada en la tristeza del estribillo final: «Flor tricolor, / se ocultan las estrellas bajo el mar / y se consumen los cantos dentro de mi corazón». La aparición de una nueva generación literaria, en la que Carducci echaba de menos el elevado espíritu de su propia poesía, parece dejar indefenso el espíritu belicoso del poeta frente a la gran tiniebla (la muerte) de la fantasía cristiana, poblada por aquellos fantasmas contra los cuales había luchado el pensamiento moderno. De aquí la atmósfera de religiosidad que envuelve algunas poesías de Rimas y ritmos («En el claustro del Santo», «La iglesia de Polenta») y que fue impropiamente interpretada como un retorno de Carducci a la fe, cuando era en realidad una reconciliación histórica y sentimental con los mitos consoladores de la religión cristiana, pero no una «professio fidei».
Él buscó más bien su consuelo en las luces de la cultura y de la poesía, en la exaltación de las gestas del «Risorgimento» («Cadore», «Piamonte»), de la luminosa cultura del Renacimiento («A la ciudad de Ferrara»), pidiendo que le fuese concedido el don divino de la poesía como último consuelo: «a mí, antes que el invierno / acucie el alma mía, / tu risa, oh luz sagrada, oh divina poesía; / tu canto, oh padre Homero, / antes que las sombras me envuelvan». En conjunto, en Rimas y ritmos las posiciones y los procedimientos de la poesía carducciana ya no aparecen fundidos en el fuego de la fuerza creadora congénita, sino que se aíslan y cristalizan; la técnica descubre su fórmula y tiende a convertirse en manera. Ello es particularmente visible en las grandes odas históricas, como «Piamonte», «Cadore», «A Ferrara», «Las ruinas de San Giacomo», de una construcción sabia y vigorosa, pero de una técnica manifiestamente literaria, contra la cual se desató la aguda insatisfacción crítica de Thovez. La mejor de estas odas es «Piamonte», amplia por su arquitectura y sostenida por un «pathos» profundo, como última y noble sublimación del idealismo patriótico y del culto religioso por los hombres y los acontecimientos del «Risorgimento» italiano, transfigurados en un ambiente de epopeya y de conciliación ideal.
Bella y noble de formas es también la famosa poesía «Jaufré Rudel», que pone en verso la historia romántica del trovador que, enamorado de la condesa de Trípoli, solamente al morir logra obtener el anhelado beso de los labios amados. Perfecto por el breve giro de sus dos cuartetos es el «Mediodía alpino»: el murmullo del arroyo, en el «gran silencio» del pleno día, «sereno, intenso e infinito», entre el «gran círculo de los Alpes», surge y tiembla, suspendido, como el eco de una cosa que huye, hacia el umbral del infinito. Y asimismo es fuerte y vibrante, según el más severo estilo carducciano, la poesía «Exequias del día». Si Rimas y ritmos nada añade de sustancial a la fama de Carducci poeta, contribuye sin embargo a dar a conocer de modo más completo su espíritu y su posición, ya que éstos se presentan aquí de modo más abierto al análisis y con rasgos más fuertes y acusados.
D. Mattalía
Se ha dicho que toda poesía carducciana de género celebrativo se puede reducir siempre a tres grados esenciales: una descripción exterior, un entusiasmo y una antítesis. En este elogio se encierra la crítica más acerba de la himnografía carducciana, puesto que es el reconocimiento del molde fijo y retórico, del procedimiento mecánico que la rige. (Thovez)
La batalla, la gloria, el canto, el amor, la alegría, la melancolía, la muerte y todas las cuerdas humanas fundamentales resuenan y se conciertan en su poesía, que pertenece verdaderamente a la que Goethe llamaba «poesía tirteica». apta para preparar y confortar al hombre en las luchas de la vida, con la eficacia de su tono elevado y viril. (B. Croce)

