Rimas y Cartas de Gambara

[Rime e lettere]. Las de la poetisa Verónica Gambara (1485-1550), señora de Correggio, fue­ron primeramente editadas por Rizzardi (Brescia, 1759) y reeditadas de manera más completa en 1879.

Elegantes son las rimas, en que se advierte, sobre todo, la imitación de Petrarca y de Bembo; pero en ellas suele faltar en general el calor de la pasión. El amor de la poetisa hacia su consorte se re­vela, mejor que en las escasas composicio­nes de asunto amoroso, en el soneto en que ella deplora su muerte. También la desapa­rición de Bembo le inspiró dos bellos sone­tos. Un profundo sentimiento religioso se manifiesta en las hermosas poesías sobre los dogmas de la predestinación y de la encar­nación; otras poesías expresan un sincero deseo de paz entre los príncipes cristianos, los cuales, en lugar de destrozarse mutua­mente, deberían volver sus armas contra los turcos. Natural de Brescia, la poetisa Gam­bara goza al volver a ver su patria y canta en unas estrofas esta alegría. Son particular­mente notables las 27 octavas que comienzan con el verso «Cuando miro la tierra ornada y bella». La autora, contemplando el des­pertar de la naturaleza en la primavera y considerando la alternancia de las estacio­nes, piensa cuán breve es la vida humana. Sin embargo, nosotros, con nuestra necedad, «nos ingeniamos para hacer enojosa y du­ra / la vida que de sí es ya demasiado achacosa y breve».

Unos la derrochan bus­cando la gloria de las armas, otros desa­fiando por codicia de riquezas los peligros de los mares, otros consumiendo las flores de la juventud en las ingratas cortes, otros por ambición se hacen tiranos o bien se consumen de amores. Cuánto mejor sería que lejos de las pasiones «se viviese en estado humilde y modesto». Bienaventura­do el que vive en los campos, en la dulce quietud de la edad de oro; pero el que mira más arriba, quien «procura de mortal hacerse inmortal», que ame y siga la vir­tud. El pequeño poema, en el que es evi­dente la influencia de las Estancias (v.) de Angelo Poliziano, termina con el elo­gio de Lorenzo de Médicis, duque de Urbino, a quien está dedicado. Algunas de dichas estancias se encuentran en una de las cartas dirigidas por la autora a Ludo- vico de Rossi. Estas epístolas, como las di­rigidas a Agostino Ercolani, a Bembo, al Aretino y otros, están escritas en un estilo llano y terso, sin afectación alguna; en ellas se refleja una mente clara, un hábito de cortesía señorial y un alma selecta.

G. Seregni

Con gran compostura y decoro literario, no menos que moral, rimará lo escaso y muy originalmente pensado que tenía que decir. (B. Croce)

Su impulso poético es, en particular, fu­gitivo y marginal: nunca arranca del cen­tro… A veces su palabra se apoya en algún acento profundo; y es el don que las musas conceden a un espíritu grave y gentil, na­cido más para las letras que para la poesía. (F. Flora)