Rimas de Tebaldeo

Mejor poeta en la­tín, Tebaldeo (Antonio Tebaldi, 1450?- 1537) escribió en italiano églogas, capítulos, epístolas, octavas y casi 300 sonetos, que, confiados a Isabel Gonzaga, fueron editados, sin saberlo el autor, en 1499, y difundidos más tarde en numerosas ediciones durante la primera mitad del siglo XVI.

En la lírica cortesana y petrarquista del siglo XV, Te- baldeo pertenece al grupo de poetas que fueron definidos como «seiscentistas» ade­lantados. Las metáforas usuales, por las que los ojos se convierten en soles, en ríos las lágrimas, en hielo o fuego el corazón, dan ocasión a exageradas amplificaciones o extravagantes combinaciones, en las que el sentimiento inspirador cede su posición a la frase ingeniosa y a veces artificiosa: «Todos se sentían maravillados / viendo que nevaba y el sol lucía; / el sol que ella creaba con su pestañear». La mujer llora «y el agua, oh extraño e increíble caso, / que debía dominar el fuego, lo in­crementa».

Asimismo, la nieve, celosa de la albura de la mujer, hace que ésta res­bale; pero si ella hubiera ardido de amor, como el poeta, la nieve se hubiese derreti­do. No obstante, muchas poesías de Tebal­deo consiguen plasmar tales artificios con rica fantasía y con un tono original. No sólo el amor, sino también la política ins­pira rimas al poeta, apesadumbrado por las desgracias que pesaban sore Italia, y fue uno de los que se negaron al home­naje a Carlos V cuando entró victorioso en Roma. Y con tal motivo destila algu­nos acentos líricos de fuerte emoción. En 1525 apareció en Venecia una edición de las obras completas, en italiano, de Tebal­deo; no se han reimpreso modernamente, si bien la crítica ha demostrado de nuevo una particular atención hacia este poeta.

P. Onnis

Tebaldeo es un mero ornamentador de pequeños conceptos petrarquescos y de me­nudas gracias madrigalescas. (F. Flora)