Rimas de Stampa

[Rime]. Publicadas en 1738, las de la poetisa italiana Gaspara Stampa (1523-1554) constituyen la apasio­nada confesión del alma de una joven ena­morada e infeliz.

Sonetos, madrigales, can­ciones, sextinas y composiciones bucólicas aparecen allí como páginas de un diario, o  a veces como cartas versificadas. La poe­tisa arde de amor por el conde Collaltino di Collalto y en el regocijo de la nueva felicidad no envidia a los ángeles más que porque su alegría es eterna mientras la suya puede terminar pronto. Pero luego tie­ne motivos para creerse mal correspondida, y entonces se duele de la «poca fe y mu­cho olvido». El conde marcha a Francia para entrar al servicio de Enrique II; y ella, dolorida por su ausencia, turbada por sos­pechas celosas, se lamenta de no recibir cartas: «No se ha dignado escribir un ver­so». Finalmente ruega al hermano de su amigo que interceda cerca de éste, a fin de que le envíe un renglón. Las fuerzas le abandonan: «Usaré contra mí mi propia mano», dice en uno de sus mejores sonetos. Su pasión no tiene límites: «¡Desdichada, que yo sola venzo el infinito!»

Pero el gra­to anuncio del próximo retorno del amado la llena de júbilo: «Lejos de mí las tinie­blas y la ceguera». Vuelven a verse y ella alaba la noche que ha sido dueña de sus alegrías: «¡Oh, si se hubiese duplicado su duración como le sucedió a Alcmena!» Pero teme que esta felicidad no puede durar: «Y si esto sucede, estoy decidida a termi­nar con esta vida mísera, en un momento». De nuevo él se halla lejos; hace ocho días que no escribe, que para ella ha sido un año. El conde, tal vez llevado por su de­seo de romper, eleva injustificadas quejas; entre otras cosas dice que las mujeres de Francia son más fieles que las italianas. Su corazón pertenece ya a otra. La esperanza de la desventurada joven va languidecien­do «como un lindo y purpúreo jacinto» pri­vado de la luz del sol. Desea que sobre su tumba se escriba: «Por amar mucho y ser amada poco / vivió y murió infeliz… Viajero, pide para ella reposo y paz». Y la ruptura llega: Collaltino se ha casado con otra mujer.

No le faltan a la desventurada otros admiradores, pero ella rechaza sus pro­posiciones, porque «tiene ya el corazón en­callecido» y está decidida «a no dar cobijo al despiadado arquero». Todavía surge un nuevo brote de amor. Pero es a Dios a quien se dirige con tono de ardiente ple­garia, esperando la salvación, no por sus obras sino por la fe. (¿Se encierra aquí al­guna influencia de las doctrinas luteranas?). Murió a los treinta y un años; a ella le dedicó Bembo un bellísimo verso: «El cisne pronto y la paloma mueren». Gaspara Stam­pa, como en general los líricos italianos del siglo XVI, imitó a Petrarca; pero no en la forma fría y literal que lo hicieron otros petrarquistas. Habla como le dicta el cora­zón: «Si expreso mi tormento» — dice — «Amor que me lo da, condene también el arte». Y en otro lugar: «siento mi corazón marcado por un nuevo estilo». Sus versos no son elegantes como los de Verónica Gambara, ni profundos y confusos como los de Vittoria Colonna, pero son más espontáneos. Su obra es ya una biografía psicológica en el sentido moderno, y Borgese la compara a Werther.

G. Seregni

Las Rimas de Gaspara Stampa no surgen de la contemplación superior que es la gran poesía desenvolviéndose en el universo, si­no como efusiones personales y notas de diario que cuentan los acontecimientos de su alma, en plena conexión con la realidad. (B. Croce)

No obstante, este ardiente diario, o mejor dicho, este libro de horas de amor, será leído siempre como uno de los libros más genuinos de la literatura italiana, en el que asimismo el recuerdo de Petrarca sirve a la imaginación amorosa, y sobrepasa, o más bien quema, toda sustancia literaria. (F. Flora)