Rimas de Davanzati

[Rime]. El flo­rentino Chiaro Davanzati, que vivió en la segunda mitad del siglo XIII, se suele incluir en el grupo de los poetas llamados de transición, cuya poesía, por su lenguaje y doctrina amorosa, parece señalar el paso de la poesía provenzalizante a la del «dolce stil novo».

En su juventud Davanzati poe­tizó ateniéndose a la lírica trovadoresca, que imita y a menudo traduce directamen­te; después experimentó el influjo de Guit­tone d’Arezzo, llegando por fin a una poesía más personal, nítida y fresca, anun­cio ya de la nueva primavera poética. Ello puede advertirse en lo mejor de su poesía, en la que el esfuerzo, el trabajo y la con­taminación lingüística y morfológica han desaparecido casi por completo, y en la que incluso los términos derivados del pro­venzal tienen ya un timbre y un sabor francamente italianos. Chiaro Davanzati es poeta esencialmente amoroso, pero no in­sensible a las voces ni a los acontecimien­tos de la vida contemporánea; poetizó tam­bién sobre temas políticos, y en este gé­nero su obra más conocida es la canción «Ai dolze e gaia térra florentina», com­puesta quizás en 1267, cuando fue ofrecida a Carlos de Aniou la señoría de Florencia. En las rimas de tema amoroso, Chiaro Da­vanzati, aun repitiendo con frecuencia los términos del lenguaje y de la idealidad ca­ballerescas, aspira ya a aquella espirituali­zación de la doctrina de amor que alcan­zará su más cumplida expresión en la poesía de Cavalcanti y de Dante; la dama feudal, hecha de nuevo crisálida, aspira a librarse en la esfera de lo divino y de lo milagro­so, y la voz del poeta parece cambiar de tono; al elogio ceremonioso sucede el «canto de alabanza» trémulo y etéreo, pe­netrado de tímida embriaguez.

La mujer es un milagro de belleza y de perfección espiritual, que hace nacer el deseo en el corazón del hombre; el culto amoroso de la mujer se sublima en culto de ansia y virtud, y hay también en esta poesía el cla­ro preludio de la nueva doctrina de la no­bleza, de la identidad entre amor y «gen­tileza» espiritual: del amor desciende todo bien, lealtad, virtud, libertad del alma y todo «mérito». Detrás del fondo celestial sobre el que, a través de las estilizaciones trovadorescas, se perfila la fulgente figura de la mujer, se entrevé la mano del ar­tífice divino que la ha formado a seme­janza del ángel enviado a la tierra, como poco después cantará Dante, «a miracol mostrare». Sin perderse en la abstracción, Chiaro Davanzati consigue, con toque feliz, fijar en torno al rostro de la mujer algunos luminosos reflejos de luz estelar, en hechi­ceros presagios de aurora. Véanse los sonetos «Non me ne meraviglio» y «La risplendente luce quando appare», en el se­gundo de los cuales se halla delineada una situación que será poetizada por Dante en uno de los más bellos sonetos de la Vida Nueva (v.).

D. Mattalia

… cerebro ocioso, que lucha todo él con las palabras y con los incisos. (De Sanctis)

Una inspiración muy tenue, acrecentada en el curso de su gusto de antologista, fluye en los versos de Chiaro como un riachuelo de luz. (F. Flora)