Rimado De Palacio, Pero López de Ayala

Poema lírico y didáctico que, con motivos de varia inspi­ración y de temas diversos, reunió Pero López de Ayala (1332-1407), gran canciller del reino de Castilla.

En él se expresa la expe­riencia íntima del autor que, sobre el fun­damento de la doctrina cristiana, se es­cruta y se juzga; mas, para poder juzgar, medita sobre los diversos casos que se le presentan dentro del ámbito de la vida de Corte: vida de palacio («palaciega»); insa­tisfecho de sí mismo y de los demás cuyos defectos nos describe, y a pesar de ello, en busca de una norma moral que concilie en sí las exigencias prácticas del tiempo y las exigencias espirituales de lo absoluto y de lo eterno. Con variedad de formas métricas, entre las cuales predomina el cuarteto monorrimo de alejandrinos («cuaderna vía»), López de Ayala trata los varios motivos que de cuando en cuando le conmueven, pero después de haber fijado la base en que se apoya: el misterio de la Trinidad, los diez mandamientos de la ley de Dios, los siete pecados capitales y las siete obras de misericordia.

De este modo se enfrenta en el «Libro de las fechas de palacio» con la dolorosa realidad de una vida en que predominan el orgullo y el interés, la as­tucia y la intriga, en vez del amor que ama a los demás como a sí mismo, y compadece y perdona (422 y siguientes). Pero todo está aquí representado por ejemplificación concreta, esto es, individuado, dejando que la moralidad se deduzca de la exposición. En su poema, López de Ayala nos pre­senta las penas de los míseros postulantes que piden en vano protección y justicia, los engaños y la venalidad de los ministros del rey, la engreída vanidad de .los legisladores, la codicia insaciable de los empresarios y de los recaudadores judíos, mas no para pro­testar contra las costumbres de su tiempo, como ha sospechado la crítica, sino para documentar vicios inherentes a la natura­leza humana. De esta concepción suya de­riva su ideal del príncipe cristiano, que se diferencia del tirano en cuanto valora en cada individuo la persona moral; en vista de la cual se hace el autor expositor de la moral cristiana dentro de un mundo pro­videncialmente gobernado por Dios, que respeta en el hombre su libertad, y lo ins­pira y guía con la voz de la conciencia.

En su conjunto la obra se presenta rica en motivos humanos, que se encuentran todos en la experiencia inmediata del poeta; mas para no hacer traición a sí mismo y a la verdad moral que conoce en cuanto la vive, él no sabe abandonarse nunca imaginativa­mente al gozo de una contemplación des­interesada. El arte se trasluce aquí y allá en momentos fugaces: pero son situaciones más aludidas y razonadas que descritas y desarrolladas; y el estilo es reflexivo y an­guloso, y no se levanta nunca de las cosas para airearse y hacerse transparente y li­gero con espontaneidad de sentimiento y creación serena.

M. Casella