La obra teatral del autor extremeño Diego Sánchez de Badajoz se fecha en los años anteriores a la primera mitad del siglo XVI y fue publicada póstuma por su sobrino Juan de Figueroa con el título de Recopilación en metro, cuya aprobación es de 1552, Fue reeditada en dos volúmenes por Barrantes en la colección «Libros de antaño» (Madrid, 1882 y 1886), a base de un ejemplar procedente de la famosa biblioteca de don Vicente Salvá. La Real Academia publicó en 1929 una reproducción en facsímil de la edición de Sevilla de 1554.
En Recopilación en metro no sólo aparecen un conjunto de farsas y autos sobre fiestas litúrgicas, sacramentos, personajes bíblicos, santos, virtudes, etc. (en total 28), que tienen una importancia decisiva para el estudio del teatro en sus primeros tiempos, sino que incluye además un conjunto de poesías de carácter moral. El lenguaje de Sánchez de Badajoz es con frecuencia duro, a veces incorrecto. Muchas de sus representaciones fueron escritas con el fin de honrar a los patrones de los gremios, para celebrar fiestas populares. En ellas aparece siempre el rústico, el pastor — que habla siempre extremeño—. Muchas de sus obras son simplemente esbozos, pero contienen ya todos los elementos de la comedia.
Su obra unas veces tiene un acentuado carácter moral expresado en una forma correcta («—En fin, ¿que no basta brecha, / tejado, pared, ni barda? / — Si Dios no hace la guarda, / la ronda poco aprovecha»). Otras veces tiene un tono picaresco. Pero lo peor es cuando quiere expresar conceptos teológicos con formas y símiles populares; así, para explicar el misterio de la Transubstanciación: «¿Cómo en Dios se torna el pan? / Si de una gallina echada / se torna el huevo en pollito, / ¿qué hará Dios infinito / en la hostia consagrada?» Pero al lado de esto encontramos los momentos de alta calidad literaria que predicen la comedia teológica de nuestro teatro.

