[Rhapsody in blue]. Poema sinfónico para gran orquesta, del norteamericano George Gershwin (1898- 1937). Compuesta en 1924, esta rapsodia orquestal fue la primera obra seria con la que el autor abandonó los fáciles éxitos de las operetas, del cinematógrafo y de los teatros de variedades, e intentó revestir las características rítmicas, instrumentales y temáticas del jazz con los modos sabios de la música europea: la cual estaría representada en este caso por el poema sinfónico de Strauss.
Con todo, algo del énfasis y de la megalomanía instrumental del modelo ha pasado a la susodicha imitación americana, sofocando en parte la frescura y la sinceridad de los elementos del jazz. El «blue», que es, como se sabe, típica expresión americana que indica tristeza, nostalgia, melancolía, sentimiento característico que se infiltra en la ruidosa jovialidad, ha dado lugar a un ritmo en el que se inspiró Gershwin cuando quiso celebrar, en su primera composición de gran acierto y serias aspiraciones, la vida intensa y tumultuosa de las metrópolis, los torbellinos de las muchedumbres atareadas, el caos de las grandes arterias bulliciosas y palpitantes bajo las moles despiadadas de los rascacielos, la insatisfacción y la tristeza reprimida del individuo perdido en medio de la muchedumbre. Fenómeno típicamente americano; la flor del sentimiento brota tenue y delicada del árido suelo de cementos y asfaltos en la geométrica rigidez de la vida moderna.
Musicalmente, la obra está compuesta de varios órdenes de elementos: los gritos lacerantes y descarados de una abigarrada instrumentación de jazz, atractiva con la insignificancia de su fácil y clamorosa alegría; el angustiado replegarse en la nostalgia de los instrumentos de cuerda y de los saxofones; y por debajo de todo esto, el ritmo obstinado y frenético del jazz, ininterrumpidamente palpitante como el cuerpo gigantesco de la gran ciudad, como el pisoteo de los pies de la enorme muchedumbre atareada. Obra, pues, no ligera y burlesca, como podría darlo a creer su exterioridad espectacular y brillante, sino obra en que está, profundamente sentida y parcialmente expresada, la trágica contradicción de la vida moderna en las grandes metrópolis apresuradas, rígidas y desecadas en sus construcciones geométricas de cemento y acero. Una especie, en suma, de Dos Passos musical, incluso por su ingenua afición a la sensacional exterioridad técnica.
M. Mila
Un natural don melódico y un brioso y original sentido armónico dan significado su ingenuidad rítmica. Por otra parte, es una verdadera música de «jazz», no sólo en su escritura, sino hasta en su lenguaje musical. (D. Taylor)

