Ramilletes y Plegarias, Marceline Desbordes-Valmore

[Bouquets et Priéres]. En este volumen de 1843, como en otro que le precedió no mucho antes, Pobres flores [Pauvres fleurs], de 1839, se reúne lo mejor de la producción de Marceline Desbordes-Valmore (1786-1859).

Muy poco pueden añadir a su fama las primeras colecciones de poesías (Elegies et Roman­ces, 1819; Elegies et Poésies nouvelles, 1825; Poésies inédites, 1830; Les pleurs, 1833), mientras’ que algún poema lírico significativo se halla en sus poesías postu­mas. La poesía lírica de Marceline Valmore, en efecto, no presenta particulares desarro­llos en el tiempo, vinculada como está, en los casos más elevados, a unos pocos temas fundamentales: el amor anhelado y enten­dido como absoluta rendición del corazón y el alma, fuente de inefables alegrías y de fatales tristezas; los afectos maternales ha­cia sus dos hijos, Hipólito y Ondina; la pasión por su tierra nativa de Flandes, evo­cada, con toques de particular intensidad, en estrofas armoniosas y pintorescas. Es particularmente suya una fuerza inmediata de sentimiento que haya expresiones natu­ralmente claras y directas, sencillas y ar­moniosas.

Así, en la poesía tal vez más conocida, los voluptuosos tercetos de las «Roses de Saadi», y en la más viva y mali­ciosa «Entrevue au ruisseau», que vuelve a tomar en cierta manera aquel tema. «Les sanglots» es una breve pieza en que la au­tora quiso, en cierto modo, expresar todo el drama de su alma; la armoniosa «Dormeuse» es una encantadora canción de cuna. La poesía de Marceline Valmore parte de las maneras ingenuas de las romanzas senti­mentales, y en ella las poesías más repo­sadas alternan con cancioncillas de versos cortos. Pero en cada palabra de ellas hay una musicalidad indefinida, dulcísima y profunda, que ha inducido a muchos crí­ticos a su natural comparación con el arte de Verlaine, el cual, por otra parte, conoció muy bien la obra de esta poetisa y la en­salzó en un largo artículo. Características, a este respecto, son «Ma chambre», «Les cloches et les larmes», «Sincére» y «Qu’en avez-vous fait?» («Vous aviez mon coeur, / Moi, j’avais le votre: / Un coeur pour un coeur, / Bonheur pour bonheur»).

M. Bonfantini

Si todo lo que es gratuito y viene de Dios es suficiente para hacer un gran poeta, Marceline Valmore es y será siempre una gran poetisa. (Baudelaire)

Es — con George Sand, tan diferente, du­ra, no sin deliciosas indulgencias, de ele­vado buen sentido, de altivo y, por decirlo así, masculino porte — la única mujer de genio y de ingenio de este siglo y de todos los siglos, en compañía quizá de Safo y de Santa Teresa. (Verlaine)