R. U. R., Karel Capek

[Rossum’s Universal Robots]. Drama utópico del escritor checo Karel Capek (1890-1938), puesto en escena por primera vez en 1921 en el Teatro Nacional de Praga. Un subtítulo dice: «Drama colec­tivo en tres actos con una comedia introduc­tiva».

La acción se desarrolla en el futuro, en una isla perteneciente a un tal Rossum (forma alterada del checo «rozum» = razón, como «Robot» es un neologismo del checo «robota» = trabajo). En el prólogo, Elena Glory llega de Europa a la isla, en la cual se halla la fábrica de obreros artificiales: los «Robots». El director-jefe Harry Domin la recibe, y le habla del viejo Rossum, el cual en 1932 descubrió la materia viva e intentó fabricar con ella el hombre, y del sobrino de Rossum, que simplificó la ana­tomía humana e inventó la manera de fa­bricar los «Robots». El director y Elena acaban por casarse. Diez años más tarde, en Europa ha estallado la revolución de los «Robots», y en vano Domin intenta ocultárselo a Elena. Un amigo de Domin, el ar­quitecto Alquist, se convierte, entretanto, en enemigo del progreso, convencido de que por causa de la fabricación artificial de los «Robots» ya no vendrán niños al mundo, y Elena, que no tiene hijos, influida por su antigua niñera Nana, se decide a quemar los papeles de Rossum que hablan sobre la fabricación de los «Robots».

Así Domin no puede realizar su idea de construir «Robots» nacionalistas para combatir a los re­beldes. Mientras tanto, éstos asaltan la casa del director y de sus colegas. El culpable de la algarada es, en realidad, el doctor Gall, quien, a petición de Elena, ha infundido excitabilidad nerviosa a varios centenares de «Robots». Las negociaciones con los re­beldes son inútiles: éstos matan a todos, menos al arquitecto Alquist, porque ha tra­bajado con sus propias manos. Al no que­dar, después de la revuelta, ningún hombre superviviente, el comité de los «Robots» pide a Alquist que halle el modo de fabricar hombres artificiales, pero éste no lo con­sigue. La humanidad es salvada por una joven pareja, los «Robots» Primus y Elena, que son seres humanos de verdad, puesto que se aman; Elena ríe (los «Robots» no ríen nunca), y los dos están dispuestos a sacrificar la vida uno por otro. Alquist sa­luda en ellos al nuevo Adán y a la nueva Eva. La sátira de la fe en el progreso como producto de la ciencia y de las má­quinas es evidente. La forma dramática ha conseguido hacer de esta ficción una obra viva, más capaz de causar emoción que, por ejemplo, la novela La Krakatita (v.) del mismo autor, con el cual, como con su otra novela La fábrica de lo Absoluto (v.), tiene sin embargo de común la profunda tristeza por las debilidades de la humanidad, que se deja ilusionar por su poder aparente.

E. Lo Gatto