Provincianas, Jean Giraudoux

[Provinciales]. Primera obra de Jean Giraudoux (1884-1944), publicada en 1909. Este libro de juventud, impregnado por completo de la niñez y adolescencia lemosina del autor, contiene novelas cortas («Santa Estela», «La boticaria», «El pequeño duque»), relatos breves y simples apuntes de emociones familiares intensamente vividas («Desde mi ventana», «Nostalgia», «Al amor y a la amistad», «Pri­mavera»).

El arte del autor, más de poeta que de novelista, apenas se revela en la intriga, que comúnmente carece de importancia, para volcarse en la evocación de la naturaleza, en la incesante y mágica trans­mutación del mundo exterior en mundo poético. Valiéndose sin exceso de los mitos y de las metáforas, Giraudoux supo introdu­cir el impresionismo en la novela francesa. Provincianas marca asimismo una etapa en el retomo a la sensibilidad de los temas familiares; así, por ejemplo, «La boticaria», que en el ambiente apacible de un pueblo se contenta con hablar del amor que le profesa un viajante de comercio. En «Santa Estela» se pinta la desventura de una cria­da que ha visto a la Virgen y a quien la gente quiere hacer santa.

Pero Estela no es de las criaturas predilectas de Girau­doux, porque «jamás gozará de la calma de los elegidos, y choca con toda serenidad, como mosca contra el vidrio». La indiferen­cia ante el mundo, tal es el goce de la convalecencia experimentado profundamen­te por el muchacho de la evocación titulada «Desde mi ventana». El chico ve pasar la vida por la calle, la observa y recibe sus impresiones, pero sin que ninguna venga a perturbar la dulce laxitud de su vida interior. Luego llega la «Primavera», el himno que renueva al mundo, y en donde el alma se sacia con sólo mirar, sin deseos, bañada en la transparencia de la luz: «Era la primavera, hermana del estío.

No habríais sabido distinguir el trigo de la hierba, ni la amistad del amor…» Amistad y amor, dos sentimientos que Giraudoux se resiste a desglosar, aunque también sabe encontrar la dicha de los elegidos en la nostalgia, especie de velo que nos hace más lejanos y menos brillantes los caminos ordinarios de la vida. A pesar de cierto amaneramiento, Giraudoux es el creador de una nueva sensibilidad, más próxima a la realidad que la del Gran Meaulnes (v.) de Alain-Fournier, y sensible también a las menores pal­pitaciones de las existencias triviales y cotidianas de provincias.