Prosas Líricas, Claude Debussy

[Proses liriques]. Cua­tro composiciones para canto y piano de Claude Debussy (1862-1918), compuestas en 1892-1893 sobre textos del mismo.

Estos ver­sos, con ciertas resonancias que recuerdan a Verlaine y a Mallarmé, tienen un notable vigor poético; pero sobre todo crean una atmósfera cara a Debussy, en páginas ricas de emoción. Destacan la firmeza de su gusto y la solidez de su mundo interior. Puede decirse que desde este momento Debussy alcanza de lleno su madurez artística. Esta obra tiene además un significado completa­mente particular que le da, junto con los Nocturnos (v.), un carácter tal vez único en el conjunto de la producción de Debussy. Se transparenta en estas composiciones un sentido autobiográfico; hay algo de confe­sión, algo de descubrimiento y de puesta al desnudo que no aparece habitualmente en la generalidad de sus obras; un sentido pro­fundo de la música, un tono conmovedor y humano, particularmente íntimo, sobre todo en la pieza primera y en la cuarta ( «De rêve…» y «De soir…»).

La segunda y la ter­cera («De grève…» y «De fleurs…») son mu­cho más lejanas, de menor fuerza psicológi­ca, aunque igualmente bellas. «De rêve» y «De soir» están basadas en temas de noctur­nos parisienses. La primera se abre con la visión de una avenida en un parque ciudada­no sumergido en la dulzura estival; «La nuit a des douceurs de femme/Et les vieux ar­bres, sous la lune d’or/Songent!». Y bajo los árboles mudos e indiferentes pasan las mujeres, «les frêles, les folies», prodigando sonrisas y gracia, en recuerdo de un tiempo lejano de heroísmos caballerescos y de ga­lantería. La música es de una sensibilidad tibia y envolvente. He aquí con qué purí­sima fantasía se abre esta pieza.

«De soir» es la melancolía del morir de los domingos, cuando la noche desciende sobre las casas, en los patios, sobre los trenes que corren por los arrabales bajo las señales luminosas que cambian a lo largo de las vías sus miradas mecánicas; también en el cielo es domingo: «Prenez pitié des villes,/ Prenez pitié des coeurs,/Vous, la Vierge or sur argent!»; es tal vez ésta una de las páginas más profundas y sentidas que haya dejado Debussy, donde la emoción está más al descubierto, alcanzando la resonancia de un lamento cósmico. Desde lo grisáceo de este movimiento está­tico del piano, el músico saca el insistente repetirse de la figuración «sol-si-sol-la», so­bre la que gira casi totalmente el fragmento, reemprendiéndola luego con una solemnidad desolada, como un melancólico toque de campanas.

Tanta y tan dolorida proximidad del sentimiento, una tal humanidad al des­cubierto, casi puede considerarse como úni­ca en el arte de Debussy; encontraremos algo análogo en «Nubes» y en «Fiestas», de los Nocturnos, en la muerte de Melisenda (v. Pelléas et Mélisande), y en una com­posición lírica de los años de guerra, Na­vidad de los niños que no tienen hogar, dedicada a los pequeños evacuados belgas, para la cual, como para las Prosas líricas, el mismo Debussy escribió la letra.

A. Mantelli