Primeros Versos, Giosue Carducci

[Primi versi]. Poe­sías de Giosue Carducci (1835-1907). Bajo este título fueron recogidas y publicadas en el primer volumen (1935) de la edición nacional de las obras de Carducci, las primerísimas manifestaciones del ingenio poético del autor, comprendidas las famosas Rimas aparecidas en San Miniato en 1857, gran parte de las cuales fueron última­mente refundidas y reordenadas en los Juvenilia (v.).

Todas estas poesías, ya ante­riormente publicadas por G. Albini y A. Sorbelli en el volumen Primicias y reli­quias (1928), presentan gran interés docu­mental, porque nos permiten remontarnos más allá de la redacción, por así decirlo, más oficiosamente clásica y corregida de los Juvenilia, hasta la primera formación poeticoliteraria del joven Carducci; algu­na de estas poesías es, en efecto, de fecha anterior a 1850; un soneto «A Dios», tor­tuoso y sombrío, es de 1848. Como «rudis indigestaque molis» definía en 1853 Carducci a su poesía, y a sí mismo un «buen mons­truo dramático», traductor de Horacio, de Safo, de baladas alemanas y griegas mo­dernas, adaptador de Horacio, Petrarca, Anacreonte y Giusti, con el cerebro y el corazón llenos de fraseología de Foscólo y de profundidades leopardianas; estropeado, son sus palabras, por la lectura de Byron, de Schiller, de Hugo, de Sue, de Guerrazzi y de Prati.

Lo que en la lírica madura de Carducci es supremo equilibrio entre los valores esenciales expresados por el roman­ticismo y la disciplina clasicohumanista, podemos verlo aquí en su primigenia y aún no compuesta turbulencia; resulta de ello una formación intensamente romántica so­bre la que la disciplina humanista, o sea, la imitación de los autores clásicos, italia­nos y latinos, opera poco a poco como una fuerza purificadora. Decididamente purificador, y en lo que se refiere al punto de llegada de la poesía de Carducci, ilumi­nador, es el influjo de Foscolo, de Horacio y de Fantoni; la imitación no está conver­tida en poesía, pero el joven poeta se adies­tra en la técnica plástica de la palabra y del ritmo; pueden ya notarse las lejanas premisas de la revolución de las «odas bár­baras»; «Ah, qué rápidas vuelan las horas del vivir/del Leteo al lánguido flujo se apresuran/y de mis verdes lustros/esperan allí las alegrías» (1851).

Las Rimas, apare­cidas en 1857, cierran esta primera fase de la historia de la poesía carducciana: que­dan ciertas actitudes románticas, pero el problema de la forma se eleva a primer plano y, cargándose de espíritu polémico, señala decididamente la orientación hacia un nuevo humanismo poético.

D. Mattalía

Me he dado cuenta de que este Enotrio es uno de nuestros hermanos y de que más de uno de sus sonetos me gusta. (Sainte-Beuve)