Primavera Helénica, Gerhart Hauptmann

[Griechischer Frühling]. Diario poético del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862-1946), en ocasión de un viaje a Grecia, y publicado en 1908.

Tal peregrinación se había propuesto hacerla cuando, a los veinte años, se embarcó en Hamburgo, esperando llegar a Grecia, después de tocar en España e Italia. Pero el escultor que creía ser se sintió atraído por las estatuas griegas de los museos de Nápoles y Roma, y también por otras bellezas, y el viaje fue aplazado. En 1907 ya no era un escultor, sino un escritor que ansiaba los campos helénicos para satisfacer una antigua nostalgia y quizás también para encontrar un nuevo «modo y tono» a su poesía. Efectivamente, al poco tiempo apareció el Arco de Ulises (v.); es también probable que algunos elementos de Ifigenia en Delfos, una de sus últimas obras, puedan hacers remontar a aquel período.

Hauptmann había emprendido aquel viaje a Grecia ocn la idea de aproximarse, como dramaturgo, a los grandes poetas de la antigua tragedia. Pero luego la experiencia helénica lo captó en «en su conjunto». El paisaje griego,, especialmente Delfos, está visto con una especie de íntima participación que da vida a las mejores páginas de su diario. En la visión de la naturaleza creadora eterna, el arte y la vida, el pasado y el presente se unen. Le parece haber soñado ya aquella tierra en algunos instantes felices, hasta el punto de creer encontrarse en su patria y descubrir misteriosos parecidos entre figuras de muchachas helénicas y germánicas, entre ciertos paisajes montañosos y agrestes de Delfos y los de su tierra. Pero la enseñanza mayor que Hauptmann sacó del mundo griego fue, una vez más, la calma interior, la moderación, una pureza de la forma.

No es que pueda atribuirse a este viaje una completa transformación e su arte; pero al menos hay que atribuirle cierta dulcificación, es decir, una atenuación de su crudeza realista, de la que, aunque nunca lo consiguió completamente, Hauptmann trataba evidentemente de curarse. No hay que olvidar tampoco que, junto al poeta que buscaba las sombras y las huellas del pasado, el observador humano se detuvo a menudo con simpatía y pedad sobre algunas de las lacaras de la Grecia de entonces, dando una nueva noticia, no meramente periodística ni impresionista, de aquel mundo encantado. Hauptmann alcanzó el 1912 el Premio Nobel.

R. Paoli