Preludios y Fugas para Órgano, de Bach

Johann Sebastian Bach (1685-1750) escribió gran número de Preludios y fugas para el instrumento que tan caro le era. No obstante, parece que sólo cuatro de los grandes Preludios y fugas fueron com­puestos por el Cantor de Leipzig, los en «do mayor», «si menor», «mi menor» y «mi bemol mayor».

El doctor Schweitzer ha calado admirablemente en el espíritu y factura de diversos Preludios y fugas es­cribiendo de ellos que «se podría incluso decir que lo que determina la personalidad de un Preludio o de una Fuga es la relación proporcional entre el espíritu italiano y el alemán». De hecho, en los Preludios y fugas se pueden poner de relieve numero­sas influencias. En primer lugar, la italiana en la forma y, después, el influjo del espí­ritu alemán y de los predecesores de Bach, como Buxtehude y Bohm. Cuando se mani7 fiesta preponderante la influencia de estos dos últimos, asistimos a una auténtica expansión, a una expresión sentimental mu­cho más libre, espontánea y fantástica.

En esta categoría pueden catalogarse los cuatro grandes Preludios y fugas citados más arri­ba, obras de gran aliento dramático salpi­cadas de arrebatos pasionales. Algunas de las fugas no fueron compuestas para el preludio que las precede; por el contrario, otros preludios y fugas forman un todo tan orgánico que resulta imposible efectuar un análisis por separado, como ocurre con las cuatro obras de Leipzig. En cambio, los preludios y fugas en «la mayor», «fa mayor» y en «do menor» han sido quizás escritos separadamente. Mencionemos igual­mente los hermosísimos Ocho pequeños pre­ludios y fugas para órgano que Bach com­puso con finalidad didáctica para sus alum­nos organistas. Un magnífico preludio en «mi bemol» y la extraordinaria fuga que le es destinada abren y cierran respectivamen­te la gran colección de los Corales (v.).