Preludios de Scriabin, Aleksandr Nikolaevič Scriabin

Las composi­ciones de este género del músico ruso Aleksandr Nikolaevič Scriabin (187.2-1915) son numerosas y están distribuidas. en varias colecciones, que llevan los respectivos nú­meros de opus: 2, 11, 13, 15, 16, 17, 22, 27, 31, 33, 35, 37, 39, 48 y 67. En general el preludio de Scriabin conserva, en su as­pecto exterior, el carácter tradicional de composición breve, casi de improvisación preludiante, pero sin que deba necesaria­mente seguirle otra pieza cualquiera.

Pero esta forma aparentemente tenue puede, en realidad, contener los tonos de expresión y de color más diversos, como en la colección de los Preludios (v.) de Chopin, que pue­den llamarse precedente inmediato y hasta modelos de Scriabin, fuente principal de sus posiciones formales, técnicas y colorís- ticas, aunque, por otra parte, sustancial­mente, sus horizontes sean muy diversos. Publicados en varias épocas, los Preludios de Scriabin representan diversos momentos de la evolución estilística del autor: así en los del op. 2 se nota una forma muy sen­cilla, casi elemental, mientras que en los sucesivos, los aspectos especialmente armó­nicos y técnicos se desarrollan y tal vez se complican notablemente.

La colección op. 11 tiene particular importancia; está compuesta de veinticuatro preludios en todas las tona­lidades y en el mismo orden que se halla en la colección chopiniana (primero las tonalidades sin alteraciones en la clave; después las que llevan sostenidos en orden creciente de sol mayor a fa sostenido ma­yor; después las que llevan bemoles en orden decreciente de mi bemol menor a re menor), y la influencia del gran músico polaco, lejos de limitarse a este elemento exterior, se extiende a otros harto más sus­tanciales; y se puede decir, que por un aspecto u otro, es sensible en toda la colec­ción, o en casi toda (a veces produciéndose las afinidades precisamente entre los trozos correspondientes en tonalidad) y se torna predominante en algunos trozos de carácter dramático, principalmente en el n.° 18, en «fa menor» (evidente imitación del en «sol menor» de Chopin), y donde decrece esa influencia parece faltar el primer sostén como en el estudio n.° 7, en «la mayor».

Por lo demás esa influencia está a menudo disimulada o hábilmente velada, y la per­sonalidad de Scriabin se manifiesta siempre, por lo menos en los diseños rítmicos, en la búsqueda de una atmósfera vaga e impalpa­ble, en que ciertamente no se origina una expresión artística concreta y profunda, pero a pesar de esto se manifiesta una deli­cadeza de contornos y colores que puede atraer aunque no conmover. En cuanto a la técnica, son de notar los contrastes rítmicos entre las dos manos; son muy frecuentes los de tres notas contra, dos; a veces se hallan otras combinaciones rítmicas rebuscadas, como en el n.° 16, en «si bemol menor», donde el ritmo de 5/8 se alterna continua­mente con el de 4/8. Los trozos dramáticos son, por lo general más vacíos; en cambio es gracioso el n.° 15 (en «re bemol mayor») con sus diseños sencillos y melodiosos, de terceras en la mano izquierda, integradas después por un canto de la mano derecha.

Esta colección tiene en su conjunto un ca­rácter unitario y un interés de técnica y de composición. En otras colecciones de Pre­ludios de Scriabin asistimos al desarrollo de tendencias más impresionistas y van­guardistas, como en el op. 74, que contiene también piezas breves, pero llenas de armo­nías vagas y disonantes. También en esta forma, pues, Scriabin manifiesta un con­junto de tendencias no bien fundidas en una síntesis artística, y más que otra cosa, una aspiración indefinida que conduce a la rarefacción, más que a la idealización del sentimiento.

F. Fano

La emoción lírica de Scriabin, a partir sobre todo de su cuarta sonata para piano, es casi siempre dinámica y luminosa; es un impulso fogoso, un vuelo alegre, un irra­diarse de todo su ser, con una especie de danza estética como coronación. (B. de Schloezer)