Poesías, Theodor Storm

[Gedichte]. Aunque sea la novela lo que ha dado la popularidad a Theodor Storm (1817-1888), él se sentía sobre todo poeta, y su actividad artística partió de la poesía.

En 1843 publicó junto con sus compañeros de estudios, los her­manos Tycho y Theodor Mommsen, un Cancionero de tres amigos [Liederbuch dreier Freunde], pero, severo crítico de sí mismo, incluyó muy pocas de estas poesías en el volumen de poemas [Gedichte] que publicó en 1852 y que aumentó en edicio­nes sucesivas (la última revisada por él es la quinta, de 1885). Sobre el joven poeta tuvieron gran influencia las canciones po­pulares alemanas y las poesías de Eichendorff, Heine y Mörike, pero su vena origi­nal no tardó en abrirse camino, dando a su lírica un carácter particular; inmedia­ta expresión del sentimiento, simple y sin­cero, fuera de toda reflexión o preocupa­ción por la forma bella.

También en la lírica es realista Storm; su mundo es la realidad concreta y limitada, aunque su vena sea rica en tonos y matices. Su gran inspiradora fue la naturaleza, especialmen­te la severa y profunda de su tierra nór­dica del Schleswig-Holstein. «La ciudad» [«Die Stadt»] canta a Husum, «la gris ciu­dad sobre el mar» que le vio nacer, en don­de la niebla pesa sobre los tejados, y el mar murmura en el gran silencio, tan grato a su corazón. Las voces misteriosas de aquella naturaleza, animada por «alas gri­ses», con las bahías características del mar Báltico, con las movedizas dunas, están magistralmente retratadas en «Playa» [«Meeresstrand»].

También el paisaje de la landa con su triste monotonía está descrito en «Solitario» [«Abseits»], en donde el apicultor sueña ante su cabaña con abun­dantes cosechas de miel, y en torno a los antiguos túmulos florece el brezo rosado. A cada estación arranca Storm su secreto, canta el hechizo particular de cada mes; más de una poesía está dedicada al «Oto­ño» [«Herbst»], a su tristeza brumosa, con­fortada por el buen vino; «Una noche de primavera» [«Eine Frühlingsnacht» ], que seguramente es la única con entonación de balada, presenta el contraste entre la triste cama de un moribundo y la tumul­tuosa vida que irrumpe por la ventana en una luminosa jornada de Pentecostés y re­cuerda a Mórike.

Entre lo más notable de Storm figuran, por otra parte, los poemas de Navidad, como el divertido «Criado Ruperto» [«Knecht Ruprecht»] que viene del bosque para anunciar a los niños la Navidad; la «Canción de Navidad» [«Weih- nachtslied»], llena de sentimiento y de mú­sica, en la que el poeta recuerda los dora­dos sueños de la infancia, o «La Noche­buena» [«Am Weihanchtsabend»] que cuenta un pequeño episodio de la vida del poeta: en la bulliciosa alegría navideña de una ciudad extranjera, llega a sus oídos una voz de niño que ofrece en venta un juguete; pero él, o por distracción o por vergüen­za de tratar en la calle con un mendigo, no le hace caso, y sólo más tarde, en la soledad, le hiere el arrepentimiento, como si hubiese sido su propio hijo quien le pedía pan en aquella escalinata, y él, su propio padre, hubiese huido.

Este sentido de la tragedia, que a menudo está velada bajo un episodio de la vida ordinaria, es característico del poeta. Notable importan­cia tiene también el tema del amor, comen­zando con las graciosas poesías a su amada de juventud, Berta von Buchau, la suave Elisabeth de la novela Immensee (v.); «Jo­ven amor» [«Junge Liebe»], «Amor de men­digo» [«Betterliebe»], etc., y las de la pro­pia novela. Vienen después las poesías a Dorotea Jensen (a «Frau Do», que llegó a ser su segunda mujer), que difieren de toda la obra de Storm, por su pasión y su ímpetu, especialmente «Noch einmal fällt auf meinen Schoss die rote Rose Leindenschaft», donde canta con excepcional in­tensidad en el ardor la «rosa roja de la pasión que cae en su seno»; una de las más bellas es «Jacintos» [«Hiazinthen»], en la que el poeta ve danzar a la leve y gentil figura de la amada en una noche de per­fumes embriagadores.

Son por el contrario calmadas y dulcemente serenas las poesías para su primera mujer Constanza: «En otoño» [«Im Herbst»], «Consuelo» [«Trost»], etcétera, que cantan la felicidad del amor seguro; y tristísimas son las de la muerte de ella. La muerte es un motivo frecuente en la lírica de Storm: su primera poesía le fue inspirada por el fallecimiento de su hermanita: «A una muerta» [«Einer Toten»]; en la- vejez escribió «Un mori­bundo» [«Einer Sterbender»], en la que el viejo mira valientemente a la muerte cara a cara, orgulloso de decir que, aunque algunas veces haya errado, nunca dejó apri­sionar a su razón. Una gran fuente de ins­piración fue también para Storm la patria, su patria chica de Schleswig-Holstein, y la guerra de independencia con Dinamarca.

Sus composiciones patrióticas surgen del presente, sin reflexiones o intenciones po­líticas, y son: «Pascua» [«Ostern»], «En el otoño 1850» [«Im Herbste 1850»], «Tum­bas en la costa» [«Gräber an der Küste»], «Epílogo» [«Ein Epilog»], etc., todas ellas llenas de fe en la resurrección futura. «¡Ningún hombre puede prosperar sin una patria!», dice él mismo a su hijo en el momento de separarse de su tierra, en «Adiós, 1853» [«Abschied, 1853»]. Cualquiera que sea el género de poesía que cultive, Storm se mantuvo siempre fiel a sí mismo, nunca sobrepasó los límites de sus posibili­dades, y en todo momento correspondió a las exigencias que él mismo se había impuesto: «La poesía más perfecta para mí es la que obra inmediatamente sobre los sentidos y sólo a través de éstos sobre el pensamiento; un efecto nace de otro, como el fruto nace de la flor».

C. Baseggio-E. Rosenfeld