Es la primera colección de la poetisa argentina Alfonsina Storni (1892-1938), que se resiente de la excesiva sujeción al sentimiento que es común a una buena parte de la poesía femenina.
La inquietud del rosal (1916), El dulce daño (1918), Irremediablemente (1919), Languidez (1920), escritas con una vena límpida y dulce, y sin artificios, reanudan una tradición que se remonta a Bécquer, cuyas Rimas (v.) ha sido uno de los libros de poesías más populares de la América latina. El amor es la fuente casi única de inspiración de esta autora, aparte un tímido panteísmo. En las colecciones sucesivas, Ocre (1925), Poema de amor (1926), Sierra (1928), etc., Storni se inclina hacia una forma más densa, hacia una mayor complejidad de pensamiento, que se enfrenta con el problema de Dios y con la entraña misma de la tierra.
La colección, publicada en vísperas de su muerte (Máscara y trébol, 1938), evoluciona hacia una expresión todavía más intensa, hacia una especie de esoterismo decorativo cuyos primeros acentos se hallan en la obra misteriosa y barroca del inmenso Góngora. De las primeras obras, fáciles y dulces, a las últimas, hechas de pasajes difíciles, Storni ha recorrido su camino sin sufrir influjos notables: su poesía se define por la activa presencia del alma que no concede nada a la moda, sino que siente la expresión como una ley necesaria.
C. Capasso

