Poesías, Sidney Lanier

[Poems]. Colección de composiciones poéticas del norteameri­cano Sidney Lanier (1842-1881), editada en colección completa y póstuma en 1884.

Esta edición, preparada por amigos y admiradores y, sobre todo, por la viuda de. Lanier, con­tribuyó a afirmar y difundir su fama como poeta. Hasta entonces las poesías de Lanier, aparecidas en diversas revistas a lo largo de una quincena de años, habían creado a su alrededor una vaga aureola que iba asociada a su notoriedad como flautista y compositor, y también como articulista y ensayista so­bre temas generalmente relacionados con el Sur, su región nativa. Terminada la guerra de Secesión, donde Lanier había luchado con los Confederados rebeldes, fue víctima, como tantos otros intelectuales y estudio­sos vencidos (Lanier era natural de Macón, en Georgia), de las desastrosas condiciones en que aquellos Estados se encontraban o a las que habían sido empujados, a consecuencia de la guerra.

Su obra, incluso la poética, no contiene protestas ni recrimi­naciones, pero a menudo se advierte un eco de la tragedia vivida y sufrida, y está toda ella impregnada del amor y nostalgia de su tierra y de su gente. El patriotismo norte­americano al que, por otra parte, Lanier había sabido elevarse, encuentra expresión nada común en las volutas corales de la «Centennial Cantata», compuesta para las celebraciones nacionales de 1876, y que fue ejecutada por un gran coro con orquesta, o en el «Salmo del Oeste» del mismo año. Lanier es, por lo demás, esencialmente lí­rico, fidelísimo a las formas clásicas y ceñi­das, extremada y conscientemente sensible a los valores musicales y melódicos de la poesía (su estudio «Ciencia del verso in­glés» es, a tales efectos, incluso un pro­grama).

Paisajes y estados de ánimo, en conexión estrecha e inseparable, son los temas de sus mejores poesías, como «Los pantanos de Glynn» (1878) que es consi­derada su obra maestra, «El alba» [«Sunrise»], «La ondulación de las mieses» [«The Waving of the Com»], «El cristal» [«The Crystal»], «De las llanuras» [«From the Fíats»]. Ampliamente conocida por su in­clusión en muchas antologías, es «La Ba­lada de los árboles y del Señor» [«A Ballade of the Trees and the Master»], breve composición (dos octavas) en la que el poeta da la medida de su hábil técnica que no desdeña, antes busca los efectos rítmi­cos y musicales a los que confiere, en los momentos más felices, una vibración lírica que no carece de resonancia. Lirismo que aquí, sin embargo, aparece viciado por el dudoso gusto del retruécano sobre el doble significado de la palabra «tree» («árbol» y «cruz»).

La poesía se inicia con un verso sugestivo, hecho sonoro por la aliteración, reemprendida en los versos siguientes: «Into the woods my Master went» [«En el bos­que entró mi Señor»] y evoca, con deta­lles, la agonía de Jesús en el Monte de los Olivos, donde las plantas (árboles que sir­vieron de madera para la cruz; zarzales que se convertirán en corona de espinas) lo acogen con amor, como para consolarlo de la perfidia de los hombres, y, al salir del bosque, de su pasión en la Cruz («tree»). Otras veces el poeta cae en lo fantástico y lo especulativo, y algún contemporáneo lo acusó de «didactismo»; acusación que no es nunca merecida cuando se alcanza el elevado nivel poético que Lanier logró en algunas partes de «The Symphony», donde los diversos instrumentos de la orquesta hablan expresando cada uno una propia alma independiente y una distinta exigen­cia estética y moral, o en algunos de los sonetos a su mujer. Su breve vida, siempre angustiada por la pobreza y la enferme­dad, impidió quizás a Lanier llevar a plena madurez sus dotes poéticas.

C. Pellizzi