Poesías, Pedro Laýnez

La obra literaria del poeta español del siglo XVII Pedro Laýnez ha sido editada en nuestros días por el profesor Joaquín de Entrambasaguas: Obras de Pedro Laýnez (dos volúmenes, Madrid, 1951). Toda su producción viene caracte­rizada por tratar casi exclusivamente el tema amoroso, y se divide en:

1) Poesía de tipo tradicional: canciones en coplas cas­tellanas, villancicos, glosas, paráfrasis.

2) Poesía de tipo renacentista: églogas, can­ciones, epístolas, elegías, sonetos, glosas, etcétera.

Entre las poesías de tipo tradicio­nal destacan las canciones en coplas cas­tellanas, algunas de ellas dedicadas a Filis y que desarrollan la típica dialéctica amo­rosa propia de este estilo, y los villancicos, «lo más perdurablemente lozano de Laýnez», como señala Entrambasaguas. Las églogas — pertenecientes ya al estilo rena­centista — acusan una manifiesta influen­cia de Garcilaso, si bien tienen poco movi­miento y carecen de la alta calidad lite­raria del modelo. Por esto advierte el edi­tor: «No ha de buscarse en estas églogas la fina pincelada, sobriamente matemática, del impulsador de la escuela italianizante en su transparencia de lavados colores, ni la música cordial, tan suya, de los versos rotundos y las frases perdurables que per­cibe el oído y regusta la mente de continuo. Laýnez es de una sequedad mesetera y madrileña insobornables.

Sus ojos no se han humedecido, como los de Garcilaso, con la henchida belleza de frescos paisajes eternamente primaveras…». Las epístolas y las canciones obedecen a los cánones de su tiempo. Especial interés merecen las elegías, por ser la forma que el poeta do­minó mejor y que escribía de acuerdo siem­pre con el siguiente esquema: a) invoca­ción; b) poder de la muerte; c) elogio y elegía del difunto; d) dolor que ha produ­cido su muerte; e) consuelo de que ahora el difunto goza de la presencia divina. Entre ellas destacan la «Elegía a la muerte del Emperador Carlos V» y «Elegía a la muerte de doña Isabel de Valois» («No pro­duzca árbol flor, ni prado rosa/que a sazón llegue, y el ardiente estío/niegue la agua a la fuente más sabrosa»). Los sonetos, en los que el poeta imita a Petrarca y a Gar­cilaso, desarrollan casi todos temas amoro­sos, sobre los estados de ánimo, sobre la vida, la muerte y los tormentos del amor, etcétera («Tal dulzura la dulce voz mostra­ba/que cuando oyó el dulcísimo ruido/quedó del dulce canto enamorada»).