Poesías, Rufino Blanco Fombona

Entre los diversos géneros literarios que cultivó con más o menos éxito Rufino Blanco Fombona (1874-1944), la poesía ocupa un lugar de primera importancia.

Sin embargo, más que a sus poemas — y no pocos de ellos revelan una gran disposición lírica — el autor de El Hombre de Oro (v.) debe su fama con­tinental a sus vigorosas páginas de historia, al ensayo crítico, a la novela o el cuento. Históricamente la posición que ocupa Blanco Fombona en Venezuela como poeta se ase­meja mucho a la que tuvieron en sus res­pectivos países Guillermo Valencia, Leo­poldo Lugones y José Santos Chocano, en calidad de portavoces del modernismo que iniciara y difundiera Rubén Darío por Es­paña y Sudamérica. Fruto de esta tenden­cia modernista son los excelentes libros de Blanco Fombona: Cancionero del amor infe­liz, Pequeña ópera lírica, Trovadores y tro­vas y Mazorcas de oro.

A diferencia de su prosa, el tono de las poesías de Blanco Fombona es casi siempre de una discreta y suave resonancia, con muy excepcionales ascensos épicos. En ellas realmente se apa­gan los sordos clamores y las vehemencias que son tan comunes en sus cuentos, en sus novelas y en sus trabajos polémicos, ofre­ciéndonos, en cambio, un mundo ya elegia­co, ya de la más pura evocación histórica, revelador en todo instante de un gran temperamento poético y de un creador en pleno y seguro dominio de su arte.

A. Lameda