Poesías, Robert Lee Frost

La obra del poeta norteamericano Robert Lee Frost (n. 1875) se sitúa en la corriente renovadora que se produjo en Estados Unidos hacia 1912 y cuyo órgano fue la revista «Poetry». Este movi­miento juvenil puede considerarse como un nuevo romanticismo, tendente a volver a encauzar la poesía hacia la observación de la realidad y a abolir el uso del tradicional lenguaje poético.

Se fija su nacimiento a raíz de la publicación de algunas coleccio­nes de versos aparecidas casi simultánea­mente, entre las que figuró La voluntad de un joven [A Boy’s Will], de Frost (1913). La primera y más importante fuente inspi­radora de Frost es la vida rural de Nueva Inglaterra, donde ha residido largo tiempo. La simplicidad de su vocabulario, que a menudo cobra un carácter coloquial, y su puesto a la vanguardia de un movimiento reformista, le relacionan en cierto modo con el poeta inglés Wordsworth. Pero en Frost, la ternura a veces dulzarrona de Wordsworth queda sustituida por una fuer­za refrenada, donde el subjetivismo apenas goza de libertad.

En esto precisamente di­fiere Frost de la mayoría de los restantes poetas del grupo «Nueva Poesía» [«New Poetry»]. Por otra parte, tampoco se revela como un innovador de la técnica de la ver­sificación (sólo del verso libre hace un uso muy personal). No obstante, algo muy ge­nuino hay en su inspiración que nos capta inmediatamente. Citemos, entre sus poemas más conocidos, el diálogo «Entierro fami­liar» [«Home Burial»], que describe en un centenar de versos libres, con pinceladas amplias y seguras, la incomprensión que separa a un matrimonio de labradores des­pués de la muerte del primer hijo que les nace.

La madre no puede apartar la mirada de la tumba que divisa desde su ventana, como tampoco puede acercarse al marido después de haberle visto cavar con sus pro­pias manos la pequeña fosa. El hombre es un ser bueno y sencillo; sufre, pero no sabe expresar su dolor y su cariño sino con fra­ses rudas y cortantes, que a nada conducen, sino a herir cruelmente la exasperada sen­sibilidad de su mujer, que le juzga incapaz de sentir y comprender. La penetrante emoción que se desprende de esta situación está lograda con los medios más simples y por esto mismo los más eficaces. En otras poesías, como «El miedo de la tempestad» [«Storm Fear»], «El árbol junto a mi ventana» [«Tree at my Window»],el poeta evo­ca los fenómenos naturales (una tormenta, un árbol, su jardín) como si se tratase de criaturas humanas.

Nada puede ilustrar me­jor el credo estético de Frost que sus pro­pias palabras: «Una poesía comienza con un nudo en la garganta, un sentimiento de nostalgia, o una pena de amor. Consiste en una tentativa para encontrar una expre­sión y un esfuerzo para encontrar un apa­ciguamiento. Una poesía está acabada y completa cuando una emoción ha encon­trado un pensamiento que la expresa, y el pensamiento una palabra».